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Entrevista

El sonido del colapso: MARASME y la herida abierta de "Fel". Hablamos con Tomeu Canyelles

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Después de siete años sin publicar un nuevo trabajo de estudio y tras atravesar una etapa de cambios importantes, incluida la salida de su vocalista original, Jeroni Sancho, Marasme vuelve con Fel, un disco devastador, físico y sin concesiones.

A lo largo de esta entrevista extensa, el grupo se desnuda sin filtros a través de las palabras de su guitarrista Tomeu Canyelles, quien responde en nombre de la banda con la misma honestidad brutal que define el álbum. Lo que sigue es una conversación sin anestesia sobre duelo, transformación, sonido y el precio de sostener una banda durante 17 años.

"vivimos en un siglo cada vez más despiadado; el mismo entorno está dinamitando nuestro sentido de la humanidad. Hay un sistema económico completamente voraz dirigido a neutralizar nuestra esencia como personas"

Bueno, antes de nada, felicitaros por “Fel”, me parece una excelente obra, de la que vamos a hablar. Han pasado unos siete años desde la publicación de “Malsons”, vuestro anterior trabajo de estudio. Y ha habido cambios en la formación este tiempo, un disco en directo… ¿Como han sido estos años para Marasme?
Lo lógico sería pensar que ha habido un parón en la actividad de la banda… y nada más lejos de la realidad; durante estos siete años hemos seguido ensayando prácticamente cada semana, pero sin ningún tipo de presión. Al final no dependemos de compromisos, obligaciones o contratos, sino de nosotros mismos. Lo cierto es que la pandemia del 2020 nos pilló con algunas primeros esbozos para futuras canciones pero también un cambio de formación que afectó a la voz y al bajo; aunque estemos a varios kilómetros de ser una banda hiperactiva —en el sentido de que damos pocos conciertos, grabamos a nuestro ritmo, etc.—, lo cierto es que ese cúmulo de circunstancias retrasó nuestros planes para un hipotético cuarto disco. Nuestra respuesta natural ha sido dejar que las cosas surjan por si mismas y no forzar los tempos: queríamos que la adaptación de Joan y Timothy —a quienes ya conocíamos de antemano— no tuviera nada de precipitado y que pudieran comprender por si mismos las dinámicas con las que nos relacionamos el resto de componentes. Han sido, por tanto, unos años de trabajo en el local hasta dar con unas canciones con las que nos sentimos identificados y satisfechos.
Uno de los cambios significativos es la salida de vuestro vocalista de siempre, Jeroni Sancho, y la entrada de Joan Rigo. ¿Porque este cambio? ¿Qué ha pasado después de tanto tiempo juntos?
Cuando terminó la pandemia Jeroni entendió que había dicho todo lo que tenía que decir en el grupo y supongo que por ello decidió cerrar esta etapa de su vida. Por tanto, no hubo lugar a discusiones o malentendidos; era una decisión más que respetable. ¿Qué puedo decir tras haber compartido grupo durante trece años? Nos queda la gratitud: Jeroni fue una persona decisiva en el desarrollo del grupo y no sólo hablamos de un vocalista excepcional, sino también de un muy buen letrista.
Con la llegada de Joan, ¿qué creéis que ha cambiado y qué aporta a ese sonido tan personal de Marasme?
Conocíamos a Joan porque venía a nuestros conciertos; siempre tuvo buenas palabras para el grupo. Igualmente, ya lo habíamos visto en directo con su anterior banda, Devouring, donde demostró sobradamente su capacidad de entrega, dominio escénico y rango vocal. Compartíamos con él ciertas afinidades que iban más allá de la música así que poco después de que Jeroni nos comunicara su decisión de dejar el grupo pensamos en Joan y sólo en Joan como posible reemplazo: quiero decir que nunca hubo una segunda opción y que sabe Dios qué habría sido del grupo si hubiera declinado la propuesta de unirse a la banda. Desde el primer ensayo ya supimos que aquello iba a funcionar bien: Joan tiene una capacidad de autoexigencia que le hizo buscar un registro diferente a los guturales que utilizaba tiempo atrás con Devouring, haciendo que las letras sean incluso inteligibles. Habríamos cometido un error imperdonable si le hubiéramos pedido que ‘imitara’ a Jeroni: al contrario, preferíamos que se aclimatara al grupo siendo él mismo y, con ello, dotar la música de una nueva personalidad.
“Malviure” fue un disco registrado en directo en el que aparece Jeroni por última vez. Muchas veces se dice que un disco en directo marca un cambio significativo en una banda. ¿creéis que es el caso de Marasme con este disco? ¿Sentís que “Fel” que abre una nueva etapa? ¿En qué punto os encontráis como banda?
“Malviure” es una fotografía de un momento muy concreto e igual sí que marca el final de una era, sólo que entonces no lo sabíamos. El objetivo inicial era grabar el concierto como simple recuerdo y quizás, con algo de suerte, salvar algún tema que otro para compartirlo en el Bandcamp. Al final, resultó que la grabación funcionaba en su conjunto; sonaba bastante bien y optamos por publicarlo de forma íntegra. Si fue posible fue gracias a nuestro productor, Toni Salvà —que aprovechó los días de la pandemia para mezclarlo— y a Davinia de Abusive Noise Tapes. Soy de los que piensa que cada disco abre una nueva etapa y creo que “Fel” ejerce ese poder regenerativo; nos ha pillado bastante alineados y, sobre todo, con mucha mayor capacidad autocrítica para trabajar mejor el nuevo material.
Si volvemos al primer EP, a “Mirroir”, incluso a “Malsons”, el cambio hasta “Fel” es brutal. Antes el sonido era más crudo, más directo; ahora es emocionalmente devastador, más complejo y visceral. ¿Vosotros también lo vivís así? ¿Sentís que “Fel” es vuestro trabajo más intenso hasta la fecha?
Correcto, coincido con el diagnóstico. A ver, lo peligroso habría sido aferrarnos a una única forma de entender el estilo y dar vueltas y más vueltas en círculo. Quiero pensar que todos estos años han sido un aprendizaje no sólo para controlar mejor nuestros respectivos instrumentos, sino para tener una mayor seguridad sobre el ejercicio compositivo y una visión más clara del tipo de producción que queremos. Hay aspectos que hemos mantenido a lo largo de las grabaciones: el mismo uso de la afinación abierta, el toque primitivo en los riffs que rehúye del tecnicismo, el uso controlado de las melodías, alguna que otra disonancia… Hay aspectos ya forman parte del ADN de nuestro sonido, aunque el planteamiento de “Fel” es mucho más directo y descarnado; intuyo que el factor ambiente tiene su impacto en nuestra música y que el mismo ruido que provoca el mundo actual —el de la rabia, la alienación, la desesperanza, etc.— termina teniendo su reflejo en nuestra música.
¿Qué queda del Marasme de “Mirroir” en el Marasme de “Fel”?
Hablo desde la autocrítica: “Mirroir” (2010) era un disco hecho a partir de algunas buenas ideas que no necesariamente terminaron convirtiéndose en buenas canciones. Es otra fotografía de nuestro proceso como banda, cuando todavía pensábamos que hacer canciones en inglés era una buena idea. Aún así, pienso que tiene una virtud, que es la de intentar disimular nuestras influencias directas y no resultar demasiado obvio; quiero decir que entonces ya luchábamos por ofrecer una visión muy personal del metal extremo. Yo creo que incluso hoy seguimos fieles a ese mismo planteamiento: no saber lo que somos pero sí lo que no queremos ser.
¿Qué os ha pasado por dentro para que “Fel” suene así? Porque aquí hay mucha más rabia, más angustia…
Yo creo que, como te decía antes, vivimos en un siglo cada vez más despiadado; el mismo entorno está dinamitando nuestro sentido de la humanidad. Hay un sistema económico completamente voraz dirigido a neutralizar nuestra esencia como personas; el trabajo —precarizado o no— coloniza nuevas parcelas de nuestra vida; las redes proyectan visiones distorsionadas de nuestros valores y el clima político bufonesco e irrespirable es un reflejo de la misma crisis de valores a la que hemos sido abocados. Con ello quiero decir que nuestra respuesta natural a todo ello es la rabia con la que hemos atacado el disco en su conjunto: “Fel” nació para ser un disco para canalizar y liberarnos de todos esos sentimientos negativos.
Hay muchas canciones de “Fel” que podrían reflejar perfectamente toda esa esencia musical que desprende el álbum, pero “Metzina”, uno de los primeros adelantos de “Fel”, creo que resume muy bien todo lo que el disco transmite: angustia, peso, agresividad, visceralidad. ¿La elegisteis como single por eso? ¿Es como el núcleo emocional del álbum?
Puede que esa canción, tal y como la defines, tenga esa función de ‘núcleo emocional’. “Metzina” es un tema relativamente largo que resume bastante bien lo que ofrece el disco: partes más rápidas y otras mucho más contenidas; subidas y bajadas por lo que respecta a la dinámica; equilibrio entre caña y algo de melodía… La letra, igualmente, sugiere imágenes oscuras y evocadoras que intentan rehuir de los tópicos asociados al metal extremo. Cuando tuvimos que pensar en una primera carta de presentación para el disco a los cinco tuvimos claro que debía ser “Metzina”.
Habéis dicho que “Fel” no nace ni de la razón ni de la emoción, sino de las entrañas. ¿Qué significa eso para vosotros en términos de composición?
Supongo que la composición se nutre de momentos vitales. “De llums i ombres” (2014) fue un disco escrito con el corazón porque entonces estábamos atravesando diferentes problemas personales: la pérdida de algún que otro familiar, problemas laborales, rupturas y otras historias. Había, por tanto, un poso de tristeza en todas aquellas canciones. “Malsons” (2018) fue un disco mucho más cerebral, por decirlo de alguna manera: el disco nos daba la oportunidad para sacar toda esa mala hostia que llevábamos dentro. “Fel” es otro tipo de rabia: el título del disco —‘hiel’, en castellano— ya remite a un elemento físico, una secreción altamente corrosiva que nace en lo más hondo de nuestro organismo. Esa visceralidad ha tenido su reflejo en el planteamiento general de las nuevas canciones: más blast-beats, más contra-púas, más concisión y, sobre todo, mayores dosis de oscuridad.
“Espurna” abre el disco con una intensidad tremenda. Tiene partes que rozan el black, pero también tramos densos, casi asfixiantes. ¿Qué buscabais con este tema como introducción a Fel? ¿Era importante empezar así de fuerte, como reivindicando “aquí estamos”?
Correcto, el disco exigía inmediatez desde el primer segundo. Recuerdo que cuando todavía teníamos “Fel” a medio componer bromeábamos con la idea de que “Espurna” fuera la primera canción porque resume bastante bien la esencia del disco y, en algunos sentidos, anticipa todo lo que el oyente podrá encontrar en él.
En medio de toda esa desesperación que atraviesa el disco, hay temas como “Boira” donde la emoción parece pesar más que la rabia. ¿Qué historia hay detrás de ese tema? ¿Qué emociones os llevan a crear estas atmosferas?
Fue la última canción que compusimos para “Fel” y, frente al planteamiento agresivo que tienen otros temas como “Espurna”, “Urpa” o “Quimera”, “Boira” sí que tiene un trasfondo comparativamente más melódico. Alguna crítica de nuestros discos anteriores argumentaba que la música de Marasme atraviesa la oscuridad con la esperanza de encontrar algún punto de luz; esa presunta luminosidad, por decirlo de algún modo, recae en “Boira”: es oscura, melancólica y no pierde el componente agresivo que acompaña al resto del álbum.
“Larva”, tema que cierra el álbum, nace de un poema del escritor Ferran García. ¿Cómo surgió esa conexión entre poesía y música? ¿Qué os llevó a adaptar esos versos?
Soy lector incondicional de Ferran desde que publicó su primer libro, “Recorda que moriràs” (2016). Me gustó tanto ese libro que una de las canciones del disco “Vèrtebra” de Forces Elèctriques d’Andorra (F/E/A) —la otra banda en la que toco— fue compuesta pensando en uno de sus personajes, Sira. Su poemario, “Larva” (2016) es un compendio de versos extremadamente oscuros y muy bellos, capaces de inspirar imágenes muy perturbadoras en la imaginación de quien los lee. Recuerdo que cuando hablábamos con Joan sobre el tratamiento de las letras le dejé el poemario y, si no recuerdo mal, a la siguiente semana propuso convertir el poema homónimo en una canción. Hay un verso en el tramo final de la canción («Todo tan inútil como disparar gotas de lluvia a las nubes blancas») que concentra buena parte de la esencia de “Fel”. Joan hizo un trabajo increíble respetando la métrica del poema que, al final, es un pequeño homenaje a Ferran como influencia literaria y no necesariamente musical.
En general, ¿cómo abordáis las letras? ¿Primero vienen las palabras, o la música les abre camino?
Como norma general, solemos empezar la base musical y la letra no toma forma hasta que la canción está más o menos estructurada. Al menos, esa es la fórmula a la que nos hemos amoldado durante todos estos años. El peso recae principalmente sobre Joan, que aporta un plus de imaginación a la hora de abordar temáticas introspectivas a partir de la metáfora.
La portada de “Fel” muestra unas manos envejecidas, arrugadas, apretando un corazón o eso parece. ¿Qué representa esta imagen para vosotros?
La fotografía es de Dubi, nuestro batería, y esas manos arrugadas son las de Joana, la abuela de Joan, que al final son las de una mujer que ha trabajado toda su vida. Buscábamos una imagen potente y simbólica que estuviera abierta a diferentes tipos de interpretaciones: las arrugas, un corazón, el trinxet (un cuchillo típicamente mallorquín) que aparece en la contraportada… Nuestra idea era ofrecer un artwork que resultara incómodo y perturbador y que, al mismo tiempo, resultara visualmente elegante. A partir de la fotografía, tanto Timothy como Joan han dado forma y personalidad al grafismo y, en ese sentido, estamos satisfechos porque consigue representar en imágenes el espíritu que hay tras “Fel”.
Decís que Marasme es “demasiado melódico para el sludge, demasiado crudo para el post-black, demasiado extremo para el post-metal”… ¿Os sentís fuera de género o eso es precisamente el género Marasme?
Es que es la pura verdad… No somos una banda de black metal, ni de coña; tampoco podríamos encajar en el post-black; cuando grabamos la primera maqueta, en el 2008, tampoco sentíamos que el post-metal fuera la etiqueta más idónea para nosotros. ¿Qué nos queda? ¿Doom? No lo veo. ¿Sludge? Tampoco. Basta ver que nuestras principales referencias son grupos que poco o nada tienen que ver entre sí: Omega Massif, Altars of Plague, Agalloch, Ekkaia, Harakiri for the Sky, Deathspell Omega, Celeste, Year of No Light… Por algún motivo que no consigo explicar, nos encontramos cómodos en esta tierra de nadie, esa especie de desarraigo que no sólo es musical, sino también geográfico.
Habéis trabajado con Toni Salvà en la producción y Magnus Lindberg en la masterización. El resultado suena milimétrico, pero con garra. ¿Cómo fue trabajar con ellos? ¿Qué aportó cada uno al sonido final de “Fel”?
Con “Malsons” (2018) y el directo “Malviure” (2020), esta es la tercera producción de Toni Salvà. Continuamos —y continuaremos— apostando por él porque, más que productor, piensa como el músico que es. Nos sentimos identificados con su forma de trabajar y, de alguna manera, el clima de su estudio nos hace sentir como en casa; eso, al final, influye a la hora de optimizar el trabajo. Sobre Magnus Lindberg… Bueno, tampoco somos grandes seguidores de Culto of Luna, pero sí que su trabajo como masterizador venía muy bien avalado por compañeros como los paisanos Fura. La comunicación ha sido fluida y ha conseguido rematar el sonido que estábamos buscando para “Fel”. La verdad es que es pronto para pensar en un nuevo álbum pero nos encantaría repetir con ambos.
Mirando atrás, desde el primer EP en 2008 hasta hoy, ¿cómo sentís que ha evolucionado Marasme como banda y como concepto?
Nunca hemos sido una banda con grandes pretensiones: somos realistas por lo que respecta a compatibilizar vida laboral, familiar y artística. Vivir en Mallorca te hace tocar los pies en el suelo: la insularidad limita no sólo nuestra capacidad de movilidad, sino de recursos. Es por ello que nunca hemos sido demasiado ambiciosos: siempre hemos sentido que sólo dependemos de nosotros mismos, del puñado de amigos que nos escuchan y vienen a los conciertos y de los sellos amigos que nos han echado una mano para editar nuestros álbumes en formato físico. Creo que ese realismo nos ha acompañado durante todos estos años y ha marcado nuestra forma de hacer las cosas; quiero decir nos mantenemos fieles a una filosofía que nos ha permitido entender el grupo no sólo como un proyecto musical, sino un medio con el que cultivar la amistad, crecer como personas y conocer a muchas otras que, de otra forma, jamás habríamos conocido.
En mayo tocasteis en Palma, creo que fue el primer directo con Joan Rigo y Timo Llompart en la formación. ¿Cómo fue esa toma de contacto con el público? ¿Presentasteis ya temas de “Fel” en ese concierto?
A la práctica era su tercer concierto con la banda… pero nuestra agenda de conciertos es tan reducida que tampoco pasaría nada si se dijera que es el primero. Los dos anteriores conciertos fueron en espacios relativamente grandes; Sabotage —la sala en la que tocamos el pasado mes de mayo— es un escenario mucho más pequeño. La experiencia resultó mucho más íntima al tener al público a escasos centímetros. Yo creo que fue una noche muy bonita: tocamos junto a nuestros amigos y compañeros de local Siberian Escape; nos reencontramos con algunas caras conocidas y otras a las que no habíamos visto nunca y las canciones nuevas sonaron con la intensidad que merecían.
¿Qué viene después de “Fel”? ¿Hay conciertos previstos, vídeos…?
Nuestra economía no es, lo que se dice, para echar cohetes. Dudo que tengamos el presupuesto para grabar un videoclip; lo que sí sabemos es que el disco saldrá con cuatro sellos independientes (Quebranta, Discos Macarras, Eternal Juggernaut y Nafra) y nos encantaría que hubiera suficientes pre-orders y compras para que puedan seguir ampliando sus respectivos catálogos. ¿Conciertos? Tenemos alguno previsto para el otoño y la esperanza de recibir algún correo o llamada para salir a tocar fuera de la isla. Todavía nos aferramos a ese tipo de milagros.
¿El objetivo de “Fel” es provocar algo en quien lo escucha, o simplemente dejar constancia de lo que llevabais dentro?, ¿qué queréis que quede en la gente?
Siempre hemos querido ser honestos con lo que hacemos: escribimos canciones pensando en quienes somos y no en lo que queremos ser. Ese punto de partida hace que las canciones tengan su punto de partida en emociones sinceras; desagradables, oscuras, asfixiantes y densas, pero sinceras al fin y al cabo. Si estas canciones consiguen hacer sentir algo real a quien las escucha habremos cumplido buena parte de nuestro objetivo.
Para cerrar, ¿algún mensaje final o algo que creáis que no hemos tratado en esta entrevista?
Ha sido un placer responder a tus preguntas, Brujo. Muchas gracias por vuestro trabajo y por dar voz a bandas tan ‘under’ como nosotros.
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Director y redactor de TNT Radio Rock
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