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Crítica de disco

CEMICAN - “U K’u’uk’ankil Mayakaaj” (M-Theory Audio, 2025)

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El Metal ancestral vuelve a rugir desde Guadalajara con “U K’u’uk’ankil Mayakaaj”, el nuevo trabajo de Cemican, publicado el 31 de octubre a través de M-Theory Audio. Han pasado seis años desde su anterior álbum ‘In Ohtli Teoyohtica In Miquiztli’, y el regreso no podía ser más ambicioso.

El nombre de Cemican, que en náhuatl significa la dualidad de la vida y la muerte”, refleja perfectamente el enfoque de su música. Esa dualidad es el corazón del disco, que combina la fuerza y oscuridad del Metal con la espiritualidad de las tradiciones mesoamericanas. El nuevo álbum se adentra en la ideología, la cosmovisión y el misticismo del universo maya, explorando los límites entre la vida y la muerte a través de leyendas, dioses ancestrales e historias personales transformadas en ritual sonoro. Con una fusión de atmósferas sombrías, melodías ancestrales y pasajes ceremoniales, el disco rinde homenaje a los pueblos originarios, su idioma y su legado espiritual.

La formación actual está integrada por Tlipoca en la batería, Tecuhtli en guitarra y voz, Ocelotl en el bajo y coros, Itzcoatl en coros y performance, junto a Yei Tochtli y Mazatecpatl en instrumentos prehispánicos (ocarinas de barro, flautillas de carrizo, didgeridoo, caracolas, huehuetls, tambores, ayoyotes, sonajas y palos de lluvia, o como dice la banda: “básicamente el sonido de la muerte”), además de Xaman-Ek, quien aporta rituales, danza e instrumentos ancestrales en directo.

Editado en formato digital, CD con libreto de veinte páginas y vinilo doble de edición limitada, su título, traducido como “La Resistencia Maya”, da una pista clara del espíritu que lo recorre: el de una civilización que sigue viva en cada golpe de tambor y en cada rugido del viento que atraviesa los riffs.

La portada, creada también por el propio Tlipoca, representa la gran creación del universo maya y los elementos de la vida (agua, fuego, viento y tierra) por el gran Itzamnaaj, quien levanta el Templo de Kukulkán y da origen al ciclo eterno de la vida y la muerte.

El ritual comienza con “Kukulkán Wakah Chan”, una invocación majestuosa al dios serpiente emplumada que abre las puertas del universo sonoro de Cemican. El tema se inicia con un ritual guiado por un chamán, acompañado de percusiones tribales e instrumentos prehispánicos que van encendiendo el fuego espiritual del disco. La intensidad del rito aumenta progresivamente hasta desembocar en una brutal descarga de riffs y una batería a doble bombo que marca el pulso de la guerra. No falta el sonido de la ocarina, sello distintivo del grupo, que introduce un aire ancestral entre la tempestad metálica. La voz profunda y diabólica de Tecuhtli se alza como si invocara al propio Kukulkán, transmitiendo poder y conexión divina entre los dioses y los humanos. El estribillo coral aporta un toque épico que evoca a guerreros danzando bajo el trueno, mientras la parte melódica brilla entre la fuerza bruta de la instrumentación. Un comienzo imponente que marca el equilibrio entre lo sagrado y lo salvaje.

“Taan Ti Le Xibalba” abre las puertas del inframundo con una atmósfera densa y ceremonial. Los tambores resuenan como el eco de los pasos de los condenados, guiando al oyente hacia los dominios de Ah-Puch, el dios de la muerte en la cultura maya. Desde los primeros compases, los riffs son pesados, sangrantes y rítmicos, entrelazados con pasajes de sonoridad folk que mantienen viva la esencia ancestral del grupo. Es el anticipo de una brutal descarga de blast beats y voces demoníacas, como si una entidad amenazante emergiera desde las sombras para reclamar las almas de los mortales. La voz de Tecuhtli alterna entre guturales y cánticos ceremoniales, mientras los instrumentos prehispánicos aportan un aire ritual que transforma la canción en un descenso místico hacia la oscuridad. La mezcla de brutalidad, espiritualidad y folclore convierte “Taan Ti Le Xibalba” en uno de los pasajes más oscuros y terroríficos del álbum, una experiencia sonora que parece invocar a los antiguos espíritus que aún custodian el reino de los muertos.

“El Niño Que Contemplaba A Las Estrellas” marca un cambio radical en el viaje ritual de Cemican. En esta ocasión, la banda cuenta con la colaboración de Adrián Zerimar, vocalista de Megaton, cuya voz aporta un contraste profundamente melódico. Las guitarras limpias y el tono Heavy se entrelazan con flautas y percusiones prehispánicas, creando un paisaje de calma espiritual. Es un tema largo, lleno de pasajes donde cada instrumento asume su propio protagonismo, un equilibrio perfecto entre modernidad y raíz ancestral. El estribillo, cargado de emoción y filtrado a través del aura ritual y mística que caracteriza a Cemican, actúa como un puente entre lo terrenal y lo espiritual. En la parte instrumental, la solemnidad se impone, como si los guerreros danzaran alrededor del fuego bajo un cielo estrellado. El cierre con fade out suaviza la intensidad, pero deja una sensación de paz y conexión con lo divino.

“Viaje Astral Del Quetzal De Fuego” es, sin duda, uno de los momentos más intensos y personales de “U K’u’uk’ankil Mayakaaj”. Compuesta por Tlipoca como homenaje a su padre y su hermana fallecidos, la canción se erige como una ofrenda sonora al tránsito entre la vida y la muerte. Desde el primer instante, una voz que parece surgir del más allá nos recibe, envolviendo al oyente en un ambiente espiritual donde el alma y el universo se confunden. Las guitarras, pausadas y sombrías, se entrelazan con voces ancestrales que evocan plegarias antiguas. A medida que avanza el tema, el terror y la grandeza del viaje astral se funden en una atmósfera que alterna calma y caos. Los cambios de ritmo y las variaciones de intensidad te hacen sentir como si flotaras por el cosmos, entre luces y sombras, mientras el doble bombo acelera el pulso y da la sensación de un descenso vertiginoso hacia el inframundo. Con sus más de ocho minutos, es una auténtica odisea espiritual. Los coros finales, los instrumentos prehispánicos y las guitarras aportan una carga de solemnidad impresionante, casi ritual. Es una canción para cerrar los ojos y dejarse llevar por Cemican hacia los planos sagrados del universo maya, un viaje entre el dolor, la trascendencia y la eternidad.

“Horizonte De Almas” abre con un sonido selvático que parece invocar los ecos de los antiguos rituales. El murmullo de la selva se funde con percusiones que despiertan el espíritu del fuego, y en cuestión de segundos el oyente se ve rodeado por danzantes que giran al ritmo del tambor. La voz del chamán emerge profunda y poseída, guiando el trance hacia un terreno oscuro y ancestral. Los riffs, pesados y ceremoniales, trazan el camino hacia el valle de los muertos mientras la batería, con estallidos de doble bombo, marca el paso de los espíritus que cruzan al otro lado. Todo se siente como una procesión entre lo terrenal y lo divino, un viaje al inframundo donde las almas cantan en coros espectrales que envuelven el ambiente. En este tema largo y envolvente, Cemican consigue que cada nota sea parte de un hechizo. Las guitarras y los sonidos folk se entrelazan con precisión ritual, empujando al oyente hacia su destino. “Horizonte De Almas” es una travesía sonora donde cuerpo y espíritu se funden, un viaje que no se escucha, sino que se experimenta.

En “El Castigo De Los Dioses”, Cemican se adentra en su faceta más sombría y castigadora. Desde los primeros compases, el aire se vuelve denso, casi opresivo, como si un ritual de penitencia estuviera a punto de comenzar. Los riffs, pesados y oscuros, marcan el ritmo de una marcha hacia el juicio divino, mientras las voces surgen desde lo más profundo del inframundo, cargadas de ira y condena. La ocarina intenta aportar un respiro entre tanta furia, un eco ancestral que busca calmar el tormento, pero la furia de los dioses es imparable. La batería sostiene el peso del castigo con una cadencia firme, sin recurrir a la velocidad, generando una tensión que se vuelve casi insoportable cuando el tema se ralentiza en su parte central. Esa pausa, cargada de angustia y dramatismo, prepara el terreno para un solo de guitarra que irrumpe como una llamarada en mitad del sacrificio. Todo desemboca en un final inevitable, solemne y devastador, nada impedirá que llegue el final de los tiempos, los dioses han dictado sentencia.

“Tak Ti Ulaák Íin” una pieza instrumental que actúa como un puente espiritual dentro del disco, un momento de pura conexión con lo ancestral. Desde el primer soplo de viento, el oyente se ve envuelto en un aura de misticismo que parece traer consigo mensajes desde otro tiempo. Los instrumentos prehispánicos toman el protagonismo absoluto, los tambores resuenan como latidos de la tierra y las flautas serpentean en el aire como plegarias a los dioses. A mitad del tema, el pulso ritual se intensifica. Los chamanes entran en escena y la percusión acelera, marcando el ascenso hacia el trance colectivo. Es un momento de comunión total, donde los sonidos se entrelazan en una espiral hipnótica que eleva el espíritu más allá del cuerpo. El viaje termina tal como empezó, el viento regresa, suave y envolvente, acariciando al oyente como una despedida ritual.

“Los Guardianes De La Tierra” emerge como un himno de resistencia y poder ancestral. Desde el inicio, las guitarras rugen con fuerza atronadora, acompañadas por una percusión que estalla con cada golpe, como si los propios elementos respondieran al llamado de los antiguos espíritus. La banda construye un muro sónico imponente, donde los blast beats y el doble bombo desatado marcan el paso de los guerreros que protegen la vida y el equilibrio del mundo natural. La voz de Tecuhtli se desgarra entre rugidos y lamentos, como si canalizara la ira de la tierra y el dolor de los dioses olvidados. Los riffs, vertiginosos y afilados, avanzan con precisión letal, mientras el bajo sostiene la furia con un pulso constante. Aquí la oscuridad domina por completo; el caos y la intensidad son los verdaderos protagonistas. Solo al final, los instrumentos folk emergen como una brisa entre la tormenta, recordando el vínculo sagrado entre humanidad y naturaleza.

Con “Hun-Came”, Cemican desciende una vez más a los dominios del inframundo, convocando al dios de la muerte con un poder sonoro que corta la respiración. Desde el primer instante, las guitarras sangrantes y los blast beats estallan con una violencia ritual que podría haber firmado el mismísimo Behemoth. Las voces, descarnadas y viscerales, emergen como gritos de almas atormentadas que claman desde las profundidades del Xibalbá. Aquí la banda abraza su faceta más extrema, fusionando el Death Metal y el Black Metal en un vendaval de oscuridad y terror. Cada riff es un golpe de hacha, cada redoble de batería un eco del juicio final. La atmósfera es sofocante, saturada de una energía densa que envuelve y arrastra al oyente hacia los abismos del más allá. Los instrumentos folk, esta vez en un discreto segundo plano, apenas logran filtrarse entre el caos, como si los sonidos ancestrales fueran engullidos por la marea negra del Metal extremo.

“¿En Dónde Estás?” marca uno de los momentos más introspectivos del disco. En ella, Cemican cuenta con la colaboración de Arianna Dheva, maestra de canto, cuya voz dulce y cálida se convierte en un hilo luminoso entre tanta oscuridad ritual. Desde el principio se percibe un cambio de registro, las guitarras acústicas ganan terreno entre punteos afilados, construyendo una atmósfera que respira melancolía y espiritualidad. La interpretación de Arianna es pura emoción. Su canto, cargado de dolor y esperanza, parece elevarse por encima de las brasas del sacrificio, como una plegaria al cielo maya. El tema se mueve entre la serenidad del Folk Metal melódico y la fuerza de unos riffs que, en el estribillo, se expanden con majestuosidad y coros poderosos. La parte final, completamente instrumental, es un regreso al misticismo más profundo del grupo. Los instrumentos de viento emergen como espíritus antiguos, cerrando el círculo y tejiendo un puente entre lo terrenal y lo ancestral.

“Yóok’ol Kaab Maya” estalla con una energía abrasadora, abriendo paso a una tormenta de riffs veloces y percusión implacable. Desde los primeros compases, la ocarina asume un papel central, marcando el pulso ritual y aportando ese sonido inconfundible que solo Cemican sabe invocar. El tema se mueve en los terrenos del Thrash Metal, con una voz rajada y feroz que golpea al ritmo del compás, mientras fragmentos en lengua maya refuerzan su carácter ancestral. La intensidad no da tregua, guitarras afiladas, batería desatada y una energía que fluye como fuego sagrado. “Yóok’ol Kaab Maya” es una declaración de identidad, una oda al orgullo y a la herencia de los pueblos originarios.

“Bolom Octé” cierra el disco como un último aliento ceremonial, un retorno pausado tras la intensidad del viaje. Los susurros de las almas se entrelazan con los sonidos suaves de los instrumentos prehispánicos, creando una atmósfera etérea y cargada de espiritualidad. Es un tema instrumental que actúa como ofrenda final, un tránsito entre planos donde el chamán parece guiarnos con su voz en el eco de los que ya partieron. Las percusiones laten como corazones y las flautas acarician el aire con un sosiego casi celestial. El desenlace suena a celebración, las pruebas han sido superadas, las entidades del más allá aplacadas. Cemican nos devuelve al mundo terrenal con el cuerpo y el alma purificados, cerrando “U K’u’uk’ankil Mayakaaj” como un verdadero rito de renacimiento.

 

“U K’u’uk’ankil Mayakaaj” es una obra monumental que trasciende el concepto de álbum para convertirse en un auténtico rito sonoro. Cemican mantiene con maestría el equilibrio entre la crudeza del Metal moderno y la espiritualidad de los sonidos ancestrales, ofreciendo una experiencia inmersiva que no busca solo entretener, sino conmover y despertar.

Cada canción respira con vida propia, con identidad y propósito dentro de una narrativa que fluye como una ceremonia sagrada. Escucharlo es sumergirse en otro plano, donde el tiempo se diluye y los dioses antiguos parecen volver a hablar a través de los tambores y el viento.

Este disco no solo honra a los ancestros, también reafirma que el Metal, cuando se hace con alma, puede ser tan sagrado como el fuego que ilumina los templos del tiempo.

 

 

CEMICAN lp

Álbum: “U K’u’uk’ankil Mayakaaj”

Setlist

Kukulkán Wakah Chan
Tán Ti Le Xibalba
El Niño Que Contemplaba A Las Estrellas
Viaje Astral Del Quetzal De Fuego
Horizonte De Almas
El Castigo De Los Dioses
Tak Ti Ulaák Íin
Los Guardianes De La Tierra
Hun-Came
¿En Dónde Estás?
Yóok_ol Kaáb Maya
Bolom Octé
Enlaces de la banda
Publicado el 9 de noviembre, 2025
Manolo Maiden
Realizada por Manolo Maiden
Redactor de TNT Radio Rock

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