DEEP PURPLE - “Splat!” (earMUSIC 2026)
Hablar de un nuevo disco de Deep Purple en 2026 obliga, casi inevitablemente, a mirar de reojo su historia. Pocas bandas cargan con un legado tan pesado y, al mismo tiempo, siguen defendiendo con tanta naturalidad la idea de grabar material nuevo. “Splat!”, su vigésimo cuarto álbum de estudio, llega apenas dos años después de “=1”. Y muchos se preguntarán si Deep Purple, con esta formación actual, si todavía tiene canciones, energía y personalidad suficientes para justificar otro capítulo en su discografía. Y ahí “Splat!” responde con bastante solvencia.
El disco se mueve en un terreno ya reconocible: hard rock clásico, órgano Hammond protagonista, guitarras con mucho peso, bases rítmicas firmes y ese punto personal que aporta Ian Gillan. No hay grandes desarrollos ni piezas extensas; las trece canciones mantienen la línea de concisión que la banda viene desarrollando desde hace varios discos. Aquí vuelven a apostar por estructuras compactas y directas, una decisión que favorece el ritmo general del álbum con dinamismo. Aunque, en mi opinión, hay un par de composiciones que parecen esconder ideas con potencial suficiente como para haber ganado algo más de desarrollo.
“Arrogant Boy” abre el disco con fuerza y cumple bien su papel de puerta de entrada. Tiene nervio, riffs directos y ese cruce entre guitarra y teclado que remite al ADN más reconocible de la banda, aunque con matices muy cercanos al rock progresivo y epico de los 70. "Diablo" confirma una de las grandes virtudes de "Splat!": la complicidad entre Don Airey y Simon McBride. El diálogo permanente entre el Hammond y la guitarra recuerda por momentos a una de las señas de identidad históricas de Deep Purple, aunque ambos músicos imprimen su propia personalidad. La participación de Keith Urban en esta canción aporta un detalle llamativo, pero el verdadero protagonismo recae en esa química instrumental que sostiene buena parte del disco.
La entrada de McBride en la banda parece cada vez más asentada. Aunque inevitablemente hay ecos de Blackmore y Morse en su forma de tocar, su guitarra aporta filo, energía y una cierta frescura que se nota especialmente cuando dialoga con los teclados de Airey. Este último vuelve a ser una pieza fundamental, no solo por el Hammond, sino también por detalles de piano y sintetizadores que dan variedad a un álbum que, por momentos, podría haber corrido el riesgo de sonar demasiado uniforme.
Tras un arranque muy contundente, "The Rider" rebaja ligeramente la intensidad sin perder el pulso del disco. Es una composición con una buena melodía y un desarrollo que crece de forma natural. Quizá no sea la canción más espectacular del álbum, pero sí una de esas que ganan con cada escucha y que demuestra la habilidad de Deep Purple para escribir buen hard rock sin necesidad de recurrir continuamente a la velocidad o la grandilocuencia. "The Lunatic" mantiene esa intensidad con un ritmo contagioso, mientras que "Guilt Trippin'" introduce uno de los momentos más inspirados del álbum. Su arranque al piano, la interpretación de Gillan y el desarrollo posterior convierten este tema en la composición más ambiciosa y sorprendente del disco.
El disco también encuentra oxígeno cuando reduce ligeramente la intensidad. "The Beating of Wings" aporta un elegante aroma blues y su desarrollo pausado, "Sacred Land" introduce una atmósfera distinta, con un aire más épico y matices mediante los teclados con un ritmo que me han llevado por un instante a aquel Perfect Strangers del 84. "Third Call" permite que Ian Paice y Roger Glover recuerden por qué siguen formando una de las secciones rítmicas más sólidas del hard rock. Ambos sostienen el disco con naturalidad, con enpuje y con ese entendimiento que solo se consigue después de décadas tocando juntos.
"Scriblin' Gib'rish" recupera la faceta más contundente del álbum. Una composición robusta en la que el trabajo de Airey aporta nuevos colores gracias al uso de sintetizadores, mientras McBride responde con una guitarra afilada y muy expresiva. "Jessica's Bra" apuesta de nuevo por una estructura más directa y desenfadada, con un desarrollo muy fluido en el que vuelve a destacar el entendimiento entre guitarra y Hammond, y sobre todo la interpretación expresiva de Gillan. El tramo final mantiene la coherencia del álbum. "My New Movie" apuesta por un hard rock ágil y bien ensamblado, mientras que la propia "Splat!" introduce un enfoque algo más denso y atmosférico, apoyándose en un sólido trabajo de la sección rítmica y en unos teclados especialmente inspirados para cerrar el disco con personalidad.
La producción de Bob Ezrin vuelve a jugar un papel importante. El disco suena grande, claro y potente, con todos los instrumentos bien colocados y una sensación de banda tocando de verdad. Pero“Splat!” gana cuando introduce cambios de color, cuando se permite respirar o cuando deja que el piano, el blues o los pequeños giros progresivos rompan la línea principal.
“Splat! es un disco de una banda histórica que conoce sus fortalezas, que sabe hasta dónde puede llegar y que todavía encuentra placer en tocar junta. Tiene canciones inspiradas, algún momento menos brillante y una energía que, viniendo de músicos con semejante trayectoria, resulta más que respetable. Deep Purple nos ofrece un álbum directo, disfrutable y lleno de buenas canciones, con una formación que sigue funcionando y con suficientes momentos de chispa como para defender su lugar dentro de esta etapa reciente de la banda.

Álbum: “Splat!”
Setlist
02. Diablo
03. The Rider
04. The Lunatic
05. The Only Horse In Town
06. Sacred Land
07. The Beating Of Wings
08. Guilt Trippin'
09. Scriblin' Gib'rish
10. Jessica's Bra
11. Third Call
12. My New Movie
13. Splat!










