WEFT – "The Splintered Oar" (Bindrune Recordings, 2025)
Con The Splintered Oar, el músico y compositor Charlie Anderson debuta oficialmente con su proyecto personal Weft, un nombre que remite al hilo transversal de un telar y que aquí simboliza la forma en la que el álbum entrelaza estilos y experiencias con una ambición contenida y una notable honestidad artística.
Conocido principalmente por su labor como violinista en Panopticon desde 2019, Anderson ha ido tejiendo en silencio una trayectoria rica en matices, que incluye colaboraciones con bandas como Slumbering Sun o Waldgeflüster. Sin embargo, The Splintered Oar es otra cosa: una obra tejida desde dentro, en la que todos los hilos, musicales, emocionales e incluso geográficos, son suyos.
La raíz conceptual del disco está profundamente anclada en el Golfo de Texas, y más específicamente en Galveston, ciudad costera donde Anderson pasó parte de su infancia. El paisaje marino, cargado de humedad, memoria y amenaza, se convierte aquí en símbolo de algo mayor: la relación desigual entre el ser humano y la naturaleza, la fragilidad de nuestras estructuras frente al avance lento pero imparable del entorno natural.
Musicalmente, el álbum es una fusión compleja pero coherente de black metal atmosférico, elementos de death y doom, rock progresivo, y una carga muy reconocible de folk americano y country. Dream of Oaks, tema que cierra el disco, es una buena muestra de esas raices con las que ha convivido Anderson, una canción que comienza como una suerte de balada sureña en clave melancólica y que evoluciona hacia una densidad mucho más oscura, paseandose por todas las texturas musicales en las que se desenvuelve su sonido, con arreglos que rozan lo cinematográfico. En su primer tramo, incluso recuerda a Simple Man de Lynyrd Skynyrd, pero digerido y reinterpretado desde un lenguaje propio.
Esta capacidad de transitar con naturalidad entre géneros se siente en todo el disco, pero brilla especialmente en cortes como The Hull, donde conviven influencias de bandas como Opeth y Pink Floyd con ritmos ritualistas, capas de violín tensas y voces etéreas que rozan el misticismo. No es un ejercicio de eclecticismo forzado, sino una composición que permite que cada elemento respire en su momento.
Esa intensidad encuentra su forma más cruda en Red Dawn, quizá el tema más agresivo del álbum. Aquí, la contención se rompe: voces desgarradas, percusión explosiva y violines que parecen escapar de sí mismos crean un momento de caos que funciona como punto de inflexión emocional. Lejos de desentonar, esa ruptura tiene sentido dentro del viaje narrativo del disco.
Las colaboraciones juegan un papel esencial. La batería de Austin Lunn (Panopticon) aporta una base orgánica y poderosa que refuerza el carácter físico del álbum. Andrea Morgan suma violín y voces que expanden la paleta sonora sin desviarla, mientras que Jordan Day, con su participación vocal en Dream of Oaks, aporta un cierre profundamente personal a la obra. Estas intervenciones no solo enriquecen el sonido: conectan con la historia de Anderson como músico y con las personas que han formado parte de su recorrido.
Más allá de lo técnico o lo estilístico, The Splintered Oar es una obra de afirmación identitaria. Para Anderson, supone el paso de ser un instrumentista al servicio de otros a convertirse en el centro creativo de su propio proyecto. Y aunque eso implique vértigo, también se percibe una claridad de propósito que sostiene el álbum de principio a fin.
The Splintered Oar se presenta como un disco honesto, trabajado y coherente. Es un primer paso sólido para un proyecto que ojalá se consolide y nos regale más joyas como esta. Un primer capítulo que merece escucharse con atención, varias veces, para descubrir todos los matices que Charlie Anderson ha sabido tejer en este debut tan personal.

Álbum: "The Splintered Oar"
Setlist
2. False Kingdoms 09:11
3. The Hull 10:25
4. Red Dawn 06:36
5. Dream of Oaks 12:10











