Han pasado treinta años desde que Deadguy publicó "Fixation on a Coworker" y redefinió lo que significaba hacer metalcore en los 90. Ahora, como si el tiempo no hubiera pasado —o como si nunca les hubiera importado en primer lugar—, la banda vuelve con un nuevo ataque sonoro: "Near-Death Travel Services", su segundo álbum de estudio, que saldrá el 27 de junio. De este trabajo, ya se puede ver el videoclip del nuevo sencillo "New Best Friend", una pieza que "suena menos a reunión nostálgica y más a demolición controlada".
El título del disco es, según el propio grupo, una broma interna: una forma de asumir que tocar este tipo de música a cierta edad es una especie de turismo extremo hacia la autoaniquilación. Pero nadie les pidió que bajaran el volumen ni que se volvieran sabios. Y, desde luego, Deadguy no lo ha hecho. Si algo queda claro desde el primer alarido de "Kill Fee", la canción que abre el disco, es que la banda no está aquí para hacer las paces ni con ellos mismos.
“Hicimos un puto disco de Deadguy”, afirman los miembros tras haber terminado de grabarlo a trompicones durante varios meses. Y no es solo una frase hecha. Este álbum está repleto de riffs angulares, guitarras disonantes que se chocan como trenes sin frenos, líneas de bajo infectadas y ritmos fracturados que harían sonreír a cualquier fan de la vieja escuela. Lo salvaje se mantiene, pero esta vez con más músculo, más colmillo, más cicatrices.
Tim Singer, una vez más, demuestra por qué es uno de los vocalistas más incisivos y viscerales del metal extremo desde los días del primer Bush (sí, el padre). En lugar de haberse suavizado, se ha vuelto aún más peligroso, aprovechando composiciones más largas y expansivas para vomitar su rabia con precisión quirúrgica.