TORT nació en 2009 en el entorno de Barcelona. ¿Cómo fueron aquellos primeros pasos de la banda y qué os llevó a unir fuerzas para crear este proyecto?
Sancho: Bueno… esto ya lo hemos contado, pero su origen merece repetirse porque fue casi una invocación. “Tort” surgió de una conversación de fumados, porque también significa ir tan jodido que ni el cuerpo obedece. A partir de ahí empezamos a llamar puertas como quien golpea ataúdes esperando que algo responda desde dentro.
Al principio éramos un trío: Pep Carabante (Warchetype, Cuzo, Meltem) y otro miembro de Cuzo/Warchetype al que no voy a nombrar, porque cada infierno tiene sus figuras y no todas merecen ser invocadas. Luego entró David Bruguera (Warchetype) a las voces, y durante un tiempo aquello funcionó como una ceremonia de fuego: conciertos intensos, ruido que parecía arrancado de una fragua maldita, energía que quemaba más que iluminaba. Pero el pacto se rompió pronto: él se fue y poco después expulsamos al bajista.
Gracias a un foro de doom & stoner apareció Laurent, que venía de Toulouse como si hubiera sido arrastrado por alguna fuerza que no entiende de fronteras. Se unió junto con Michel, que venía de La Matanza, una banda de brutal death que ya traía su propio olor a hierro caliente y sangre seca. Cuando nos quedamos sin cantante, reclutamos a Javi Guerrero (Avern, etc.), que entró directo para preparar y grabar las voces de unos temas que ya estaban medio poseídos antes de existir. Luego ya entró Jordi Boluda (también de Warchetype) a la otra guitarra, etc.
Esos fueron, más o menos, los primeros pasos: un nacimiento torcido, marcado por humo, ruido y pequeñas invocaciones que acabaron tomando forma.
Los miembros de TORT procedéis de escenas y estilos muy diversos: hardcore, post-rock, post-punk, black metal, doom, death metal o heavy/punk ochentero. ¿Qué aportó cada una de esas influencias a la identidad sonora que habéis construido durante estos años?
Ricard: Como bien apuntas, las bandas y escenas de las que provenimos han contribuido a forjar una identidad sonora muy concreta y a su vez ecléctica dentro del subgénero que formamos parte. Décadas acumulando discos, entradas de conciertos y problemas de todo pelaje hacen que nuestras influencias estén plenamente solidificadas en lugar de impostadas, de manera que aquí no hay turisteo de ningún tipo. Venimos tanto de Judas Priest, Deep Purple, Ted Nugent y Iron Maiden como de Motörhead, Bathory, Venom, Voïvod, DRI, Discharge, Doom, Godflesh o Carnivore y, aunque no siempre sea palpable en lo que hacemos, toda esa genealogía corre por nuestras venas. Creemos que un menú variado irónicamente suele funcionar para entender de manera más determinada de dónde vienes y hacia dónde vas.
Después de más de una década de trayectoria y cuatro discos de larga duración, ¿cómo creéis que ha evolucionado la banda desde aquellos primeros ensayos hasta el sonido que encontramos hoy en "Dimonis de la Sauva Negra"?
Ricard: Habiendo seguido la banda desde fuera antes de formar parte de ella, me atrevería a decir que evolución la justa. No es más válido “Dimonis de la Sauva Negra” que el debut homónimo, Tort cree plenamente en su fórmula y no la revitaliza con enfoques vanguardistas o elementos ajenos a ella; en todo caso, acumulamos más años a nuestras espaldas y nos conocemos mejor, de manera que sabemos por dónde puede salir cada cual y ensamblamos nuestras ideas de manera mucho más intuitiva.
Sancho: Después de más de una década, la banda ha evolucionado como lo hace cualquier cosa que sobrevive al desastre: quemándose, cayendo, recomponiéndose y avanzando entre ruinas. Los primeros ensayos eran más humanos, más frágiles, más cercanos a la tierra. Éramos ruido buscando forma. Con el tiempo, ese ruido empezó a arrastrar consigo ceniza, grietas, sombras. Cada disco ha sido una etapa de ese derrumbe, como si el proyecto atravesara su propio pequeño apocalipsis para poder seguir adelante.
El sonido se ha ido endureciendo, oscureciendo, como si hubiera absorbido todo lo que se ha roto alrededor. Lo que antes era distorsión ahora es devastación. Lo que antes era rabia ahora es fuego que ya ha arrasado y solo deja brasas. Y lo que antes eran canciones ahora son estructuras que parecen levantarse sobre un mundo que ya no existe. “Dimonis de la Sauva Negra” es el punto donde esa evolución se vuelve inevitable. Es el sonido de una banda que ya no mira atrás porque atrás solo hay ruinas. Es más profundo, más corrosivo, más consciente de que cada nota nace de un territorio en colapso. No es que hayamos cambiado: es que hemos sobrevivido, y el sonido actual es la prueba.
Antes de formar TORT, ¿en qué otros proyectos musicales habíais participado y qué aprendizajes o experiencias de aquellas etapas siguen presentes en vuestra forma de entender la música?
Sancho: Bueno… siempre hemos estado molestando por algún lado o montando proyectos fallidos, de todo un poco. Antes de Tort estaban Cuerno, Lords of Bukkake, Camposanto, Taunus, La Matanza, Warchetype y un sinfín de bandas de juventud. Algunas buenas, algunas no tanto. Dicen que la experiencia es un grado… a saber.
El nuevo álbum transmite una sensación constante de decadencia industrial, óxido, abandono y amenaza. ¿Cómo nació el concepto de "Dimonis de la Sauva Negra" y qué queríais expresar a través de esas imágenes tan poderosas?
Sancho: “Dimonis de la Sauva Negra” nace de una convicción: hay lugares donde Dios nunca entró, y donde lo único que queda es la corrupción de la materia. Cada ruina es un templo profanado, y cada estructura caída es una oración que se pudrió antes de ser escuchada. Ahí es donde viven nuestros dimonis.
El concepto surgió de caminar por espacios donde la industria murió sin recibir absolución. Fábricas que fueron catedrales del ruido y ahora son criptas abiertas; pasillos donde el metal rezuma óxido como si fuera sangre vieja; máquinas que parecen reliquias de un culto que nunca tuvo santos. En esos lugares, lo sagrado se descompone, y lo que emerge es una fuerza que no pide fe: exige rendición.
La música del álbum es un acto de profanación. No queríamos representar la decadencia industrial: queríamos violar su silencio. Cada textura es una blasfemia contra la pureza; cada ritmo, un latigazo de maquinaria que se niega a aceptar la muerte; cada atmósfera, un susurro que contradice cualquier idea de salvación. Las imágenes del disco son iconografía herética: un mapa donde cada sombra es un demonio que reclama su altar.
A diferencia de muchas bandas actuales, parece que nunca habéis tenido interés en seguir tendencias o fórmulas establecidas. ¿Hasta qué punto esa independencia artística ha sido una decisión consciente dentro de la trayectoria de TORT?
Ricard: Como comentábamos previamente, a estas alturas no esperamos descubrir ningún grupo que descuadre nuestros esquemas o incida directamente en nuestro paradigma. La visión sigue siendo la misma desde el primer día y, más que una posición reaccionaria consciente, lo achacamos a que nos sale solo sin mayor intencionalidad. Aparte, poder decir que permanecemos activos e incólumes viendo como tantos otros van cayendo y enfrentándonos a las inclemencias que nos acechan, es todo un logro que a su vez nos da fuerzas para transitar nuestro propio camino.
Sancho: Esa postura nos ha hecho avanzar más despacio que otras bandas, seguro, pero también nos ha permitido mantener una identidad sólida. Si algo define la trayectoria de Tort es que cada disco responde a un momento vital y musical concreto, no a una estrategia. Para nosotros, la independencia no es una bandera: es simplemente la única manera en la que sabemos trabajar.
El disco está compuesto por cinco temas principales muy diferentes entre sí, pero unidos por una atmósfera común. ¿Cómo fue el proceso de composición y qué buscabais que aportara cada canción al conjunto de la obra?
Ricard: Generalmente el proceso compositivo tiene lugar de manera bastante orgánica, ya sea partiendo de ideas esbozadas (o directamente bastante avanzadas) en casa o desde el local de ensayo por completo, improvisando y probando distintas variaciones. Teniendo en cuenta que tenemos una visión bastante homogénea de cómo tiene que sonar la banda, los arreglos o enganches que podamos idear ensayando juntos quedan perfectamente integrados al mazacote inicial. No hay mayor pretensión que ésa: conformar un álbum con canciones que suenen distintas y reconocibles entre ellas pero sin perder las señas de identidad que remiten directamente al espíritu de la banda desde su creación.
El tema que da nombre al álbum, "Dimonis de la Sauva Negra", parece condensar muchas de las señas de identidad de la banda: densidad, oscuridad y una atmósfera profundamente opresiva. ¿Qué importancia tiene esta canción dentro del disco y por qué decidisteis darle ese protagonismo?
Sancho: La verdad es que le dimos más protagonismo simplemente por que lo elegimos como título del álbum, y ya pues de adelanto.
En canciones como "Necrophagus Paranoid", "Servants of the Antichrist" o "Sláine" encontramos momentos donde convivís con la lentitud aplastante, pero también con estallidos de velocidad muy medidos. ¿Cómo trabajáis ese equilibrio entre tensión, peso y dinamismo?
Ricard: Creemos que las bandas que mejor logran su cometido trabajan magistralmente con ese tipo de contrastes, en lugar de jugar la carta fácil y unidimensional de no salirse de un mismo tempo o cadencia. Venimos tanto de Black Sabbath como de Hellhammer o Saint Vitus, así como de algunos de sus herederos directos como Winter o Grief, todos ellos duchos en ese estallido rítmico que acentúa la espesor monolítica de base. Y, por descontado, haber crecido con influencias clásicas y dispares ha ajustado nuestro ADN de manera diametralmente opuesta a otras bandas genéricas que no arriesgan y se contentan con emular a sus predecesores inmediatos.
La interpretación vocal de Xavier aporta una dimensión especialmente extrema y visceral al álbum. ¿Cómo se construyen las líneas vocales dentro de TORT y qué papel juegan las letras en la experiencia global del disco?
Ricard: Somos enormemente afortunados de contar con ese vástago de Hevi (Corrupted) y Chris Barnes (Cannibal Corpse) en nuestras filas; la bilis negra que vomita Xavi es ya parte inseparable de nuestra propuesta y no podríamos concebir nuestros temas sin esas líneas vocales que realzan las composiciones enviándolas al infierno de Dante y recuperándolas de vuelta para todos ustedes. Las letras siempre nacen de nuestra obsesión insana por la contracultura y cine de terror, por mitos y leyendas regionales, la brujería, el barbarismo y la sordidez y decrepitud de toda índole. Aunque suene a tópico, intentamos que la voz sea un instrumento más y no un simple elemento necesario, y como tal tratamos de cuadrar correctamente la métrica, registros y golpes de efecto.
La edición digital incluye un bonus track más rápido (siempre dentro de la densidad característica de la banda) que el resto del material. ¿Fue una forma de mostrar otra faceta de la banda o simplemente una composición que encontró su lugar ideal fuera de la secuencia principal del álbum?
Ricard: El tema al que te refieres es la versión de “Into the Crypts of Rays” de Celtic Frost, que siempre nos queda bastante fardona en directo y decidimos grabarla porque sí, porque como dice Yngwie, “menos nunca es más”. A pesar de no formar parte vertebral del disco en tanto que seguramente Tom G. Warrior no aprobaría que unos desarrapados como nosotros mancillen una de sus obras, creemos que es un añadido correcto que deja bien claro que para nosotros no hay lugar para experimentos más allá de la cabezonería y el fundamentalismo metálico.
Tras la publicación de "Dimonis de la Sauva Negra", ¿cuáles son los próximos pasos para TORT? ¿Hay planes de gira, nuevos conciertos, material futuro o metas que todavía os gustaría alcanzar como banda?
Ricard: El futuro siempre es incierto, pero cuanto menos nos vemos en obligación moral de defender en directo este trabajo del que tan orgullosos estamos. Probar nuevos riffs y ensamblar ideas en el local de ensayo nos es imprescindible para mantener el entusiasmo vivo, de manera que esto no va a quedar aquí. Nuestro plan más inmediato es tocar con Electric Wizard, Witchfinder, Belzebong, Ground y Dopemancer en Paral·lel 62 este 10 de octubre, además de cualquier concierto que estimemos viable hasta entonces. Ninguna gira en el horizonte, pero como decían O.L.D., “just because we’re old and grey doesn’t mean we’ll go away”.
Para finalizar, que podrías decir a los lectores de TNT Radio Rock sobre vosotros y este último álbum
Ricard: Somos cinco desgraciados de distintos puntos de la geografía barcelonesa que nos juntamos para hacer ruido y acoplar instrumentos en honor al jefe cornudo. Hasta la fecha no hemos recibido ninguna queja por su parte, a cada cual atañe considerar si vamos por el camino suficientemente torcido. Muchas gracias por la entrevista, nuestros mejores deseos para TNT Radio Rock.