Hola Fiar, el 7 de febrero formareis parte del Sognefjord Orange Fest, un festival que rinde tributo a Windir y al sognametal. ¿Qué os motivó a aceptar la invitación al festival?
Hola querido!! Tras tocar con Jade hace cosa de un par de años, llevaba tiempo hablando con Vicente sobre la posibilidad de llevar a Foscor a Valencia, pero siempre le comenté que al estar en un impás como banda por el que necesitábamos centrarnos en escribir nuevo material, sin actividad, no veía razón para ello. Así mismo, siempre puse sobre la mesa que una ocasión especial, como la celebración de los 25 años de la banda, podía ser una magnífica excusa y detonante de volver a activar la banda y encontrar la chispa que por distintos motivos con la pandemia y circunstancias personales, habían hecho que Foscor perdiera el hilo que a mi parecer tan sólidmente habíamos hecho servir para tejer lo que durante 20 años hemos ofrecido.
La idea del festival y la forma en la que entiende que nuestra música se mostró en nuestros inicios como banda hicieron que todo tomase sentido y Valencia fuese la primera de las pocas fechas que haremos este año para celebrar nuestro 25 aniversario.
¿Sentís una afinidad emocional o estética con lo que este tipo de música representa, incluso si Foscor nunca se encuadró formalmente en este género?
Cómo se dibujaron las distintas ramificaciones que el Black Metal forjó desde sus inicios fue algo de lo que de forma muy tangencial formamos parte. Creo que nuestro espejo era más amplio que lo que el llamado Sognametal representaba, pero sí es cierto que su propuesta, lenguaje y formalización permiten encajar nuestro primer álbum sin demasiada distancia. Creo que bandas muy posteriores a nosotros podrían representar mejor su espíritu como un todo, pero también es cierto que el recorrido que como banda hemos vivido ofrecía varios aspectos de interés para todas las partes, y nos sentimos muy cómodos en el cartel.
El cartel os presenta con vuestro logo antiguo y una propuesta centrada en el repertorio old-school centrado en vuestros primeros tres discos. ¿Cómo vivís este retorno a la era inicial de Foscor? ¿Se trata de una celebración nostálgica o de una oportunidad para revalorizar esa etapa?
No se pretende en ningún caso dar continuidad a esa etapa, nunca ha sido nuestro forma de trabajar y desarrollar la propuesta artística de Foscor. Pero pensando en que quizás no le quede mucho a la banda antes de desvanecerse, el poder recordar nuestros inicios en tan señalada efeméride pensábamos que tenía mucho sentido.
Nuestro corazón está en el poder trabajar en un próximo álbum y cerrar la trilogía que empezamos en el 2017 con Les Irreals Visions y luego continuó Els Sepulcres Blancs.
Desde la perspectiva actual, ¿cómo veis aquellos tres primeros discos?
Vitales, dinámicos y respuesta a lo que por aquél entonces era nuestro universo sonoro. Del primitivismo del “Entrance to the Shadows’ Village” a la mayor concreción y vanguardismo del “Groans to the Guilty” ya hay un camino de maduración de un lenguaje. Mayor control de los recursos y claridad de ideas sobre cómo utilizar las herramientas. Son discos y temas que todavía nos transmiten muchos sentimientos, pero no representan la banda a día de hoy. No por ello podemos decir que no nos representan.
Si te fijas en el trabajo con Jade, hay un cierto camino de regreso a muchos de los elementos que estos primeros álbumes con Foscor mostraban, así que hay que entenderlos como pieza fundamental para profundizar en lo que nuestra esencia representa.
¿Creéis que han envejecido bien? ¿Hay elementos que hoy haríais de forma distinta, o consideráis que forman parte de una etapa cerrada?
Creo que la producción de aquellos discos podría mejorarse para intentar ser todavía más fieles a lo que pretendían, pero que por falta de conocimiento alcanzó lo que quedó plasmado. Pero no hay remordimientos o sensación de obsolescencia cuando los escuchamos.
Siempre he sentido que eran fieles a lo que éramos y sabíamos por aquél entonces. Hoy en día sería injusto juzgarlos desde el conocimiento que tenemos. Tanto a nivel de arreglos como compositivo y producción, creo que si los reinterpretásemos conseguirímos consolidarlos todavía más, pero ese proceso me parecería una absoluta pérdida de tiempo ya que siempre nos ha interesado más mirar hacia delante y reinterpretarnos para alcanzar nuevos paisajes por donde movernos.
FOSCOR nace en 1997, en un contexto muy distinto al actual. ¿Qué elementos del entorno musical y cultural catalán influyeron en la creación de la banda?
La voluntad de exponer cómo eramos y qué sentíamos ha formado parte de la banda desde su concepción… de ahí que elementos del Arte Modernista siempre hayan formado parte de nuestro imaginario. Desde detalles como lo F del logotipo, literatura Catalana, o paisajes de nuestra tierra donde nos hemos sentido cómodos vagando. Ahora bien, la chispa por la que esa intención aparece sin duda vinieron de fuera, con todo lo que habíamos mamado de Escandinavia, y del cómo entender que tu propia cultura y lengua podían singularizar la propuesta artística de una banda. El modo de hacerlo, el acierto o no, ya son cosas a juzgar por terceros y que en nuestro caso nos llevaron casi 15 años consolidar.
¿Qué significaba, para vosotros, formar una banda de black metal en Catalunya a finales de los 90?
Un reto en lo personal, ya que la intención era ser capaces de traducir toda una serie de emociones y de paisajes visuales a través de la música, de forma que pudiésemos conectar con otros exponiendo lo que teníamos en nuestros adentros.
Un reto también en lo que a crecer como personas y proyecto musical de cara al mundo. Conectar y aspirar a vivir cuantas más experiencias posibles en un mundo que estaba cambiando de forma irremediable y mutando hacia una nueva realidad alejada de los valores que nos habían forjado.
Siempre he dicho que la música me ha permitido crecer y hacer de mi quien soy hoy en día, gracias a todo lo que me a mostrado y acercado. El Black Metal tal como lo entendíamos tenía una trascendencia difícil de encontrar hoy en día o en otros movimientos, y por todo ello, entrar en esas aguas no era algo superficial que pudiera dejarse fácilmente… supongo que de ahí que a día de hoy sigamos comprometidos con este, nuestro camino, nuestra vida.
¿Sentíais que había una cierta “distancia” con respecto a la ortodoxia nórdica, o buscasteis desde el principio una identidad propia dentro del género?
La referencia de muchas de las bandas que nos inspiraron por supuesto sentó las bases estilísticas con las que jugar… pero entender que todas aquellas bandas desprendían un halo único que las diferenciaba dentro de un marco común, fue clave para proseguir con un espíritu transgresor con nosotros mismo. Buscarnos, porque todos somos fiferentes, y en esa diferencia reside la magia de la vida. Ser capaces de entenderlo y traducirlo en música, creo que es como poco un reto bonito que intentar vivir.
Volviendo a la esencia del sognametal, aunque Foscor nunca se ha identificado formalmente dentro de ese género, muchos oyentes —incluidos los organizadores del festival— perciben ciertos ecos comunes: una conexión con la melancolía nórdica, el uso de la épica como emoción más que como estética, y una fuerte relación con el paisaje interior. En perspectiva, ¿creéis que vuestra esencia inicial compartía de forma natural algunos de los valores emocionales, narrativos o musicales que definen al Sognametal?
Por supuesto… explicado desde distintos puntos de vista, ese es el marco general común que luego muchos diversificaron mediante el sobreuso de etiquetas. Más allá del Death, Grind, Doom o Black, la temática fue la que especializó las bandas en terrenos demasiado encorsetados ami juicio. Hablamos de emoción, de conexión con la naturaleza, con la noche y el día, con sus misterios… Todo ello forma parte del llamado Sognametal, y por supuesto de la esencia de nuestra música y la de muchas bandas incluso alejadas a nivel estilístico.
Si te parece, repasamos un poco esos primeros discos de Foscor… "Entrance to the Shadows' Village", vuestro debut en 2004, ¿cómo vivisteis el proceso creativo de ese primer disco? ¿Qué bandas, discos o movimientos estaban resonando en vuestro entorno mental/musical en ese momento?
La composición del Entrance nace a nivel formal del Black Metal de la primera mitad de los 90, y aunque muchos años tarde, pertenece a ese momento. Una prueba de fuego de que éramos capaces de poner música a unas emociones y traducir la oscuridad en la que nos sentíamos cómodos en texturas y tonalidades.
Lo trabajamos muy a poco a poco, tanto que desde que lo empezamos a componer hasta su publicación en forma de 3 temas en el 2001 para darnos a conocer como banda, yo pasé por Lux Divina y Lucifugum, aprendí mucho, y así lo hico Falke por su parte. No había prisa, si no una voluntad de cuajar algo que sentíamos adentro y necesitaba salir de forma controlada.
El uso del teclado y los coros en ese álbum es notable, no como simple fondo sino como parte estructural del sonido. ¿Qué importancia le dabais en aquel momento al componente melódico y atmosférico frente al más agresivo y tradicional del black metal?
Nunca hemos necesitado vestir de agresividad nuestra música… no como motor… todo lo contrario. Texturas, densidad, dinámica y por supuesto atmósfera eran lo que nos movía. La melodía se conseguía con el uso de unos riffs abiertos que trabajasen como esos teclados que en algún momento introducían los pasajes, o incluso los vestían, como en el caso de “the Sorrow of Delight”.
En “The Smile of the Sad Ones” (2007) se nota una evolución hacia estructuras más complejas y un sonido más personal. ¿Qué buscasteis explorar con este disco? ¿Hubo algún punto de inflexión compositivo o filosófico entre el primer y segundo álbum?
Para entonces la banda ya había rodado en directo junto a los que fueron miembros durante varios años. Whilkiem a la guitarra y Nechrist a la batería, ambos miembros de Shemhamphorash también. La salida de Norax por supuesto que marca un antes y un después, ya que tomo las riendas en lo vocal y lírico.
Siemplemente necesitábamos avanzar, crecer como lo había hecho la música que nos llenaba… No esa o aquella banda.. si no lo que el cúmulo de referencias nos llevaba a entender y disfrutar. Generar más diversidad de texturas, momentos y emociones… Mayor riqueza en el uso de los recursos y cada vez más, una música más dinámica que trasladada al directo nos permitiese vivir con más intensidad el día a día.
“Groans to the Guilty” (2009) abre aún más el abanico sonoro, incluso con elementos cercanos al avant-garde. ¿Fue una decisión consciente romper con ciertos límites del género? ¿Cómo gestionasteis ese equilibrio entre fidelidad al black metal y necesidad de evolución?
No nos preocupó nunca el dónde nos situábamos con cada álbum, se trataba de ser honestos y coherentes con lo que sentíamos. Creíamos que ese era el camino con el que conseguir más momentos de satisfacción y así lo buscamos. Siempre hemos tenido claras las raizes, y nuenca hemos negado la diversidad de géneros y referencias con la que llenamos nuestro espíritu a nivel musical y emocional. Todo ello debía traducirse sin lugar a dudas en evolucionar y romper los propios moldes. Prueba de ello fueron los siguientes 3 álbumes, hasta hoy.
Desde el inicio habéis alternado letras en inglés y catalán. ¿Qué papel juega el idioma en vuestra narrativa musical? ¿Tiene el catalán una carga emocional o simbólica distinta para vosotros al momento de escribir?
Hace mucho que nos dimos cuenta que para ser más fieles a nosotros mismo, la única forma era la de comunicarse en nuestra lengua. Así nos lo había transmitido mucha gente comparando lo que sentía cuando cantábamos en inglés a diferencia de la naturalidad y consistencia con la que lo hacíamos cuando cantábamos las letras en catalán.
La carga emocional es obvia y lógica por la voluntad de exponer nuestra realidad y marco mental y cultural, pero no fuimos suficientemente hábiles para darnos cuenta de lo que nos aportaba en realidad centrarnos en nuestra propia lengua, pensando en que con el uso del inglés conectábamos con más gente. Error.
Expresarte tal como piensas y sientes fue sin duda la mejor de las opciones para lo que la voluntad última de Foscor perseguía.
La melancolía, la introspección y el existencialismo están muy presentes en vuestras letras. ¿De dónde surge esa inclinación lírica?
Tengo una formación técnica pero a la vez humanista, y el contacto con la filosofía, la historia del arte y la estética me hicieron interesarme por muchos autores que me abrieron la mente y ofrecieron recursos que luego creo supe trasladar para vestir el universo conceptual de Foscor. El hilo conductor siempre ha sido ese, y con mayor o menor acierto, se ha hido vistiendo a nivel visual y sobretodo musical hasta día de hoy sin modificar demasiado la forma de concebir la lírica de la banda. En la oscuridad reside la magia de una belleza distinta a la que nuestro ojos están acostumbrados a ver…y el saber identificarla es una labor de lo más satisfactoria.
“Those Horrors Wither” supuso un punto de inflexión evidente en vuestra trayectoria: cambió el sonido, cambió la estética visual, cambió incluso el logo. ¿Cómo vivisteis internamente ese proceso de ruptura con la esencia inicial de Foscor?
Un cambio necesario que precedería al salto definitivo en el 2017. Necesitábamos una nueva afinación con la que abrir el espectro de recursos sonoros… y generar un nuevo paisaje creativo como ese debía por supuesto formalizarse en una ruptura como la que nuestro cuerpo y alma nos pedía. Nos generó mucha satisfacción lo que alcanzamos con ese álbum, y por supuesto, ganas de proseguir ahondando en el universo más amplio de miras en el que jamas habíamos sido capaces de acceder como músicos.
Volviendo al Sognefjord Orange Fest, se anunció que algunas bandas participantes harán un tema de Windir. ¿Podemos esperar algo especial en vuestro caso?
Tenemos pendiente este punto, no lo negaré. Es la intención, pero por los ritmos de vida de cada uno de los miembros, y el nuevo batería que nos acompañará en esta serie de fechas, todavía no está cerrado.
Precisamente, en 2026 se cumplirán 25 años de vuestra primera demo, y se ha mencionado que será una de las últimas veces que se podrá ver este tipo de repertorio en directo. ¿Tenéis planeado algo especial para conmemorar ese aniversario a parte de este festival?
A lo largo de este 2026, celebrando 25 año de la banda desde aquella publicación del 2001 que abría la lata, tenemos cerradas fechas en Valencia, Portugal, Barcelona y un par más que faltan por anunciar. Algunas vendrán acompañadas de algún temas más reciente en nuestra discografía, pero básicamente se basaran en los 3 primeros álbumes. Algo de merch commemorativo y volver a conectar con nosotros mismos tras un demasiado largo tiempo inactivos.
Han pasado seis años desde la publicación de Els Sepulcres Blancs, vuestro último álbum, aunque se han publicado algunos temas posteriores. ¿En que punto se encuentra Foscor, al margen de esta aparición en Valencia?, ¿Qué podemos esperar en el futuro?
Un nuevo álbum debería ser el siguiente paso tras este año. Debe culminar lo que se inició en el 2017 con Els Sepulcres Blancs, y cerrar esa trilogía, que además está perfectamente trazada desde hace tiempo. Más allá de eso no quiero mirar. Hemos perdido ritmo por distintas razones, cosa que no me hubiese imaginado ni siquiera en el 2019 tras tantos años. Pero como lo que supuso la pandemia en términos de cortar las alas de la banda en su momento de mayor plenitud, lo asumo todo como parte de la vida, sin pesar. Ahí queda lo que hemos hecho y disfrutado, y así quedará el día en que decidamos poner punto y final a la aventura como banda.
Muchas gracias por tu tiempo. Hay ganas de veros en Valencia!!
Gracias a ti!! Un fuerte abrazo y como de costumbre, gracias por tu apoyo a toda una escena.