TURBO acelera hacia su lado más salvaje con «Listen... Shut Up!», un disco que también mira de frente a las consecuencias de sus excesos

La banda canadiense TURBO acaba de purblicar «Listen... Shut Up!», su tercer álbum de estudio, un trabajo que mantiene intacta su combinación de heavy rock, speed metal y actitud irreverente, pero que incorpora una perspectiva más madura sobre las consecuencias del estilo de vida que ha alimentado sus canciones.
Procedentes de Halifax, Nueva Escocia (Canadá), TURBO ha construido su identidad a partir de una explosiva mezcla de speed metal, NWOBHM, sleaze rock, punk y rock and roll clásico. La propia banda define esta combinación como «Nitro-Rock», una fórmula que encuentra en «Listen... Shut Up!» su declaración más contundente hasta la fecha. Riffs afilados, ritmos demoledores, estribillos de gran gancho y una actitud descarada vuelven a ocupar un lugar central en su propuesta, aunque esta vez el desenfreno convive con una mirada más reflexiva.
El álbum sucede a «Fast as Fvck» (2020) y «Broke and Ugly» (2024), los dos trabajos anteriores con los que el cuarteto fue consolidando su personalidad. Sin embargo, el nuevo lanzamiento introduce un matiz diferente en su discurso, tal como explica Evan Frizzle, vocalista y guitarrista principal de la formación:
«Listen... Shut Up! es, en cierto modo, la resaca de todo lo que vino antes. Nuestro primer álbum parecía tratar sobre vivir en la miseria. Broke and Ugly transmitía una sensación de invencibilidad, como si la fiesta nunca fuera a terminar. Este álbum sigue estando repleto de himnos festivos, pero parece tratar mucho más sobre las consecuencias de la vida que llevamos. Musicalmente, sigue siendo duro, rápido, pesado y está lleno de diversión. Sigue siendo indiscutiblemente el sonido clásico de TURBO, pero se siente más maduro y refinado, y estamos increíblemente orgullosos de él».
Compuesto mediante un proceso completamente colaborativo, «Listen... Shut Up!» reúne ocho canciones en las que todos los integrantes contribuyen por igual a la escritura. El resultado combina la energía descontrolada que caracteriza al grupo con historias personales, estribillos pegadizos y una honestidad que va más allá de la imagen festiva que suele acompañar a su música.
«Nos gusta que nuestra música sea dura, rápida y cruda, y esa es la experiencia que intentamos ofrecer a los demás. Queremos provocar en la gente esa misma sensación de puñetazo en el estómago, como cuando estás en una montaña rusa que va bastante más rápido de lo que debería», afirma Frizzle.
Los primeros sencillos, «Kamikaze», «Don't Know Me» y «Deathwish Labyrinth», permiten descubrir diferentes facetas del álbum. Desde la velocidad desbocada y los estribillos concebidos para corearse hasta pasajes que abordan cuestiones más oscuras, estas canciones representan las distintas caras de una propuesta que no renuncia a la adrenalina, pero tampoco esquiva los conflictos personales.
En el apartado lírico, «Listen... Shut Up!» bebe directamente de las experiencias vitales de sus integrantes, de sus observaciones y del caos que los rodea. La adicción, la autodestrucción, la venganza, la redención, las relaciones personales y la supervivencia forman parte de un repertorio temático que mantiene el carácter directo y sin filtros de TURBO.
La diversidad también se aprecia en la construcción musical del disco. La abrasiva apertura con «Kamikaze» y el cierre de vocación locomotora con «Formula One» muestran al grupo funcionando a máxima velocidad. En otro extremo, «Deathwish Labyrinth» se adentra en terrenos más sombríos mediante arreglos dramáticos y una temática profundamente personal. Por su parte, «Slut Island», una de las canciones favoritas del público en directo, introduce el característico sentido del humor de la banda y recuerda que sus integrantes también saben reírse mientras mantienen el pie hundido en el acelerador.
Entre las influencias que han contribuido a moldear el sonido de TURBO figuran Motörhead, W.A.S.P., Judas Priest, Pantera y Kill Cheerleader. A partir de esa combinación de heavy metal clásico, speed metal, glam metal, sleaze rock y punk, el cuarteto ha desarrollado una identidad propia que busca mantener el equilibrio entre la contundencia instrumental, los estribillos inmediatos y una actitud rock and roll sin concesiones.
La portada vuelve a correr a cargo de Tim Murray, quien plasma el carácter excesivo y la personalidad desmesurada del grupo mediante una escena que incluye un avión estrellándose, mujeres demoníacas lanzando barriles de cerveza y a los propios músicos de fiesta mientras se encaminan hacia otro desastre inevitable. Una imagen que encaja con el espíritu temerario y la narrativa salvaje que atraviesan el álbum.
Desde sus comienzos en Halifax, TURBO también ha convertido sus conciertos en una de sus principales señas de identidad. Sus actuaciones transitan entre la autenticidad y el espectáculo, con una propuesta que combina la intensidad de un concierto de rock, el ambiente de una fiesta y la sensación de estar asistiendo a una catástrofe perfectamente controlada.
«Queremos ofrecer a los fans una buena dosis de espectáculo, pero sin dejar de parecer personas reales. Al fin y al cabo, de eso trata realmente nuestra música. Se convierte en una experiencia cruda, visceral e íntima que se traslada directamente a lo que la gente escucha en nuestros discos», explica Frizzle.
Con «Listen... Shut Up!», TURBO no pretende reinventarse, sino perfeccionar los elementos que han definido su trayectoria. El resultado promete un trabajo más grande, pesado, pegadizo y seguro de sí mismo, en el que los himnos festivos conviven con las consecuencias de los excesos y la diversión no está reñida con la introspección.

Álbum: Listen... Shut Up!
Setlist
2. Don't Know Me - 3:16
3. Deathwish Labyrinth - 3:42
4. Slut Island - 4:11
5. Best Wishes - 3:07
6. Tell Your Daughter - 3:49
7. Black Wings of Revenge - 4:14
8. Formula One - 4.33






