HELLOWEEN + BEAST IN BLACK – Nueva Cubierta de Leganés (Madrid, 15/11/2025)
Cuando el 12 de noviembre de 2024 se anunció la gira “40 Years Anniversary Tour” de Helloween y vi que harían una única parada en Madrid, concretamente el dia 15 de noviembre de 2025 en la Nueva Cubierta de Leganés, lo tuve claro desde el primer momento. Había que hacerse con una entrada en cuanto salieran a la venta y, por fin, ver en directo a una de mis bandas de referencia. En aquel instante no sabía si podría asistir acreditado, aunque por suerte así ha sido, y eso convirtió la espera en algo aún más especial.
Por circunstancias de la vida, no ha sido hasta 2023 cuando he podido disfrutar de grandes conciertos y festivales de Metal. Desde entonces, se puso en marcha mi cuenta atrás personal para ver a esas bandas que me marcaron en la adolescencia y me han acompañado en tantos momentos de mi vida. Una de ellas, sin duda, es Helloween. Sus discos, o mejor dicho, sus cintas, fueron de las que más sonaron en mi cassette de doble pletina (los más veteranos sabrán de qué hablo).
Tras su reunión en 2017, Helloween atraviesa uno de los momentos más brillantes de su carrera, consolidándose como una de las formaciones más importantes y queridas del género. Por tal motivo la preventa los días 13 y 14 de noviembre de 2024, seguida de la venta general el 15, fue una auténtica carrera contrarreloj para los fans. El 21 de noviembre ya no quedaban entradas de pista, y en pocos días el recinto colgó el cartel de sold out. La enorme demanda llevó a anunciar una segunda fecha, el 16 de noviembre de 2025, cuyas entradas de pista se agotaron en poco tiempo y el mismo día del concierto se colgó el sold out, dos fechas en Madrid y dos llenos absolutos.
La gira había comenzado el pasado 17 de octubre en Luxemburgo, y desde entonces muchas de sus paradas habían agotado las entradas. No era solo una gira, era una celebración de cuatro décadas de historia, una cita obligada con una de las leyendas más grandes del Metal europeo.
Ese día los alrededores del recinto estaban repletos de fans llegados desde todos los rincones de la península. A pesar de la lluvia había mucha gente haciendo cola en las puertas de accesos, tanto para pista como para grada, ya que no estaban numeradas. Nadie quería perderse la oportunidad de ver de cerca a Helloween celebrando su 40 aniversario con un setlist repleto de himnos y clásicos atemporales.
Las puertas se abrieron un poco pasadas las 18:00, hora prevista de su apertura, y la gente comenzó a ocupar las mejores localidades. A las 19:30 saldría la banda encargada de encender la mecha de una velada que prometía ser inolvidable. Y vaya si lo fue. El 15 de noviembre de 2025, Madrid fue testigo de una noche histórica para el Metal.

BEAST IN BLACK
Con una puntualidad inglesa salieron al escenario los finlandeses Beast in Black, encargados de abrir la noche y lo hicieron inmersos en una etapa de cambio interno. El pasado mes de octubre, en plena gira con Helloween, la banda anunció la salida de su guitarrista original Kasperi Heikkinen, tras una década junto al grupo y siendo una pieza clave en su sonido. Durante las primeras fechas del tour actuaron únicamente con cuatro miembros, sin guitarrista suplente, demostrando una vez más su profesionalidad y su capacidad de adaptación. Fue precisamente en el concierto de Katowice (Polonia) donde se incorporó el nuevo guitarrista Daniel Freyberg (Crownshift, ex-Children of Bodom), completando la formación y aportando un impulso renovado a las actuaciones restantes.
En Madrid, el “nuevo” Beast in Black llegaba ya rodado. Abrieron con una intro bañada en luces azules que dio paso a un espectacular juego de luces sincronizado con la música, con la gran lona con el nombre de la banda presidiendo el fondo del escenario. Arrancaron con “Power of the Beast”, un tema que resume por completo la esencia del grupo, ritmos pegadizos que te invitan a moverte sin parar. Yannis tardó pocos segundos en adueñarse del escenario y el público respondió enseguida animándoles e interactuando con ellos. Un inicio poderoso que se llevó una gran ovación.
“Hardcore” nos dejó un sonido más crudo y un Yannis más salvaje, desplegando su versatilidad y sus múltiples registros. Con “From Hell With Love” volvimos a esos ritmos bailones y pegadizos que tanto encienden a la gente. Al finalizar, Yannis nos dirigió unas palabras que arrancaron varias ovaciones. Presentó “Blood of a Lion”, que sacó la faceta más épica del grupo, levantando coros, palmas y puños en alto.
Sin pausa llegó la rápida “Cry Out for a Hero”, seguida del sonido más característico de la banda con uno de sus temas más populares, “Sweet True Lies”, coreada a pleno pulmón con su pegadizo estribillo “baby, baby tell me more of your lies”. Al terminar volvió a entablar otra charla con nosotros.
“Enter the Behelit” mantuvo la dinámica, aunque aquí Yannis volvió a sorprender con esa voz que, si no le ves, parece sacada de una cantante invitada. Qué facilidad tiene para cambiar de registro. Y para ejemplo perfecto, el giro radical en “Beast in Black”, que sonó poderosa y levantó de nuevo los puños como merece un tema así. Otra gran ovación para ellos.
Los sintetizadores tomaron de nuevo el protagonismo y las palmas acompañaron sin descanso a “Die by the Blade”, “One Night in Tokyo” y “Blind and Frozen”, tres canciones que ponen a cualquiera a mover el esqueleto sin parar.
Durante “One Night in Tokyo” tuvo lugar un momento particular. Atte Palokangas, el batería, es un espectáculo tocando, no para de hacer juegos malabares con sus baquetas mientras golpea sin piedad la batería. No contento con eso, un auxiliar de la banda se situó a su lado, a unos cinco metros de distancia, y se iban tirando la baqueta uno al otro, todo eso sin dejar de tocar la canción. Impresionante.
El show de Beast in Black era un auténtico calentamiento para Helloween y, a estas alturas, el público estaba completamente rendido a Beast in Black, que recibió una fuerte y larga ovación. Yannis aprovechó para hablar de Helloween y de su próxima gira por España.
El cierre llegó con la potente y rápida “No Surrender”, una auténtica comunión entre banda y público, con coros y palmas retumbando por toda la Cubierta. Un final espectacular para sus 55 minutos de actuación. Comenzó a sonar de fondo “Burning Heart” de Survivor mientras se despedían entre vítores y una foto final.
Yannis Papadopoulos, como es habitual, sostuvo el peso del show con una entrega vocal impecable. Sus agudos, que a veces parecen los de una voz femenina, siguen siendo una seña inconfundible del grupo. Por su parte, Anton Kabanen, alma creativa de la banda, mantuvo la intensidad combinando técnica y unos solos soberbios. A pesar de los cambios y las dificultades del camino, Beast in Black demostraron que siguen siendo una máquina perfectamente engrasada, con movimientos ensayados y ejecutados con precisión que aportan mucha vistosidad al show. Las acrobacias de Atte Palokangas con las baquetas fueron increíbles.
Desde el primer acorde el público respondió con entusiasmo. Sus ritmos cargados de sintetizadores engancharon a todos y convirtieron la Cubierta de Leganés en una auténtica ‘disco metal’. Solo tengo un pero: no me gusta que una banda de este nivel utilice bases pregrabadas para los sintetizadores. Siendo un elemento tan importante en su sonido, deberían contar en directo con un músico que lo toque. Lo pasamos en grande con ellos, que es de lo que se trata. Un excelente entremés para recibir al plato principal de la noche.
Setlist:
- Power of the Beast
- Hardcore
- From Hell With Love
- Blood of a Lion
- Cry Out for a Hero
- Sweet True Lies
- Enter the Behelit
- Beast in Black
- Die by the Blade
- One Night in Tokyo
- Blind and Frozen
- No Surrender
Beast In Black son:
Yannis Papadopoulos: Voz
Anton Kabanen: Guitarra
Daniel Freyberg: Guitarra
Máté Molnár: Bajo
Atte Palokangas: Batería

HELLOWEEN
Cuando se fue Beast in Black se echó el telón, literal. El escenario se ocultó con una enorme cortina negra con el nombre de Helloween en blanco, ocultando el misterio de lo que se estaba preparando detrás. Esa caída del telón, tan simple como efectiva, desató la primera de las muchas ovaciones que la banda se llevaría esa noche.
Llegan las 21:00 horas y el concierto no empieza. El público se impacienta y empieza a reclamar la presencia de la banda. Pasados dos minutos, cuando el murmullo ya subía de intensidad, suena el tic-tac de un reloj. De repente, la oscuridad lo envuelve todo. Los gritos empiezan a romper el silencio. Luces rojas flanquean la gran cortina negra con el nombre de la banda. Un instante después, unas bengalas la rompen por la parte superior y la tela cae entre los gritos del público. Un láser dibuja los ojos de la calabaza al ritmo de la música, parte en dos la pantalla y deja ver un paisaje épico de un valle rodeado de montañas, por donde van apareciendo las portadas de sus discos mientras los músicos salen al escenario entre las ovaciones. La secuencia culmina con el logo del grupo ocupando toda la pantalla.
La salida del logo coincide con los riffs de “March of Time” (no se tocaba desde 2018), marcando el pistoletazo de salida de una noche de Power Heavy Metal inolvidable. Una explosión lumínica nos deja momentáneamente ciegos, y lo siguiente que vemos es la majestuosa entrada de Andi Deris y Michael Kiske, cada uno por un lado del escenario. La reacción del público es atronadora, un rugido que retumba en todo el recinto. Al mismo tiempo, una enorme calabaza de aspecto robótico, integrada en una maquinaria virtual, aparece en la pantalla. Frente a ella, Andi y Michael cantan al unísono, uno frente al otro, como si se tratara de un duelo de voces.
La pantalla trasera y las ubicadas en la parte baja de los laterales del escenario eran un espectáculo en sí mismas. Durante este tema se transformaban en una gigantesca máquina del tiempo cuyos engranajes se movían con precisión hipnótica, mientras la calabaza se abría y cerraba mostrando un reloj. En un momento, unas llaves comenzaron a girar en espiral alrededor de la escena, y el efecto 3D fue tan real que parecía que iban a salir volando hacia el público. Uno de los recursos visuales más logrados que he visto en un concierto. A esto se sumaban las enormes pantallas anexas a cada lado, que permitían no perder detalle de cada gesto, cada solo y cada mirada entre los músicos.
Si el despliegue visual era monumental, el escenario no se quedaba atrás. En el centro, una larga pasarela permitía a los músicos desplazarse entre la gente, creando una sensación de cercanía y conexión constante. Esa pasarela dejó momentos visuales realmente potentes y ayudó a que la banda se sintiera aún más integrada con su público.
No tardaron mucho en hacer uso de ella. El primero fue Kai Hansen, que nos deleitó con el primero de los sublimes solos que íbamos a disfrutar esa noche. Enseguida se unieron Andi y Mike, y ahí los teníamos, a nuestros ídolos de la adolescencia, al alcance de la mano. El tiempo pareció retroceder. Escucharles y verles de nuevo compartiendo escenario fue un arranque poderoso y emotivo a partes iguales. La ovación al finalizar el tema fue un estruendo ensordecedor, digno de una apertura legendaria.

Aparece el 'Keeper'
Se hace la oscuridad, algo que sería constante en repetidas ocasiones entre tema y tema. En la pantalla aparece la icónica imagen del guardián, brujo o mago (que cada uno elija) de la portada del “Keeper Of The Seven Keys Part 1”, que nos da la bienvenida (lo poco que pude entender, ya que no domino el inglés) y se despide con un abrazo simbólico. Desaparece, y la pantalla se transforma en una vieja mansión. Entonces empieza a sonar la guitarra acústica de Sascha Gerstner mientras Michael Kiske y Andi Deris, situados en la amplia tarima donde estaba colocada la batería y cada uno en un extremo, intercambian frases melódicas. Es el inicio de “The King for a 1000 Years”, la primera gran sorpresa de la noche, ya que no sonaba en directo desde 2011.
A medida que el tema avanzaba, nos adentrábamos visualmente en aquella espectacular mansión. Una vez dentro, se desató la furia de los riffs y la potencia de la base rítmica. Deris y Kiske se alternaban con precisión desde la tarima, dejando el resto del escenario para las cuerdas, que lo llenaban con movimientos perfectamente coordinados.
Los constantes cambios de ritmo del tema propiciaron momentos espectaculares, Kai Hansen saltando sobre la pasarela, desatando la energía del público, y ese final memorable, cuando Andi y Mike se dirigieron al borde de la pasarela, uno frente al otro, cantando la parte final, cargada de oscuridad y lamento. Sascha Gerstner, que llevó el peso solista en esta canción, se unió a ellos y nos regaló un solo de despedida perfecto, lleno de elegancia y fuego.
La interpretaron en una versión más corta nos supo a poco, pero mantuvo toda su majestuosidad. Fue un auténtico espectáculo, de esos que te hacen mirar a tu alrededor y darte cuenta de que estás viviendo historia viva del Power Metal. Y pensar que esto solo acababa de empezar…
De nuevo vuelve la oscuridad y, cuando regresan las luces, nos encontramos a Andi Deris y Michael Kiske al filo de la pasarela, charlando con nosotros como si el tiempo se hubiera detenido. Por suerte, Andi habla español y nos preguntó cuántos íbamos a asistir al concierto que se celebraría al día siguiente. Había más de uno que iba a disfrutar de ellos por partida doble. Acto seguido, dan la bienvenida a Kai Hansen, que aparece entre aplausos y se sitúa en la pasarela para regalarnos unos instantes de puro virtuosismo. Las notas de su guitarra se funden con los gritos del público en uno de esos momentos de la noche que quedan grabados a fuego en nuetra memoria.

Se desata la locura
Kai arranca el inconfundible riff de “Future World” y la Nueva Cubierta estalla. Una explosión de luz inunda el recinto mientras llueven confeti y serpentinas que desatan el delirio colectivo. Kai toma el micrófono y comienza a cantar, pronto acompañado por Michael, que demuestra una vez más por qué su voz sigue siendo una referencia absoluta dentro del Power Metal. No podía faltar Andi, que entra en escena para completar una combinación vocal que suena simplemente arrolladora. El contraste entre el tono melódico y cálido de Deris y los agudos cristalinos de Kiske le da al tema una nueva dimensión, más potente y emotiva que nunca.
En la pantalla trasera, la inseparable calabaza aparece ahora rodeada por círculos luminosos, como si fuera el núcleo de un átomo que vibra al compás de la canción. Como era de esperar, el protagonismo instrumental recae en Kai, que nos deleita con un solo impecable y lleno de fuerza. Tras ese pasaje, la canción se ralentiza y quedan de nuevo Andi y Michael frente al público, invitándonos a cantar el estribillo a pleno pulmón, marcando el ritmo con la batería una y otra vez. El coro del público, retumbando bajo la cúpula de la Nueva Cubierta, puso a prueba los cimientos del recinto. Durante el tema, le lanzaron a Michael Kiske un chaleco lleno de parches, que no tardó en ponerse antes de devolvérselo a su dueño. Una canción que, más que un clásico, es un himno grabado a fuego en la historia del Metal.
La pantalla se transforma en enormes edificios cubiertos de luces y anuncios luminosos mientras una fina lluvia cae de forma constante. Así da comienzo “This Is Tokyo”, la primera mirada al nuevo álbum que la banda publicó hace poco.
Tras el subidón de adrenalina del clásico anterior, este tema fue recibido con más calma. El público observaba y disfrutaba del despliegue visual y del sonido impecable, aunque fueron pocos los puños que se alzaron al aire. Esa tranquilidad fue aprovechada por un fan que le entregó un disco a Michael Kiske para que se lo firmara, y así fue, lo firmó en pleno escenario y se lo devolvió. Menudo recuerdo se llevará de ese día. Andi Deris estuvo junto a él, compartiendo voces con precisión. Sin embargo, al tema aún le queda recorrido para alcanzar el estatus de himno que tienen otros clásicos de la banda. En directo suena bien, contundente y moderna, pero no termina de desatar pasiones. Por ahora funciona como un respiro entre la épica y la nostalgia que dominaban la noche.

¡Quemamos!
Vuelve la oscuridad, esta vez algo más prolongada. En la pantalla aparece el logo de Helloween mientras suena la intro con aire circense de “We Burn”, que nos transporta de lleno a la contundencia más cruda de los noventa y no se tocaba desde el 2016. En esta ocasión, Andi Deris toma el control absoluto del escenario, desplegando toda su energía y carisma mientras Michael Weikath y Sascha Gerstner se reparten los solos con precisión quirúrgica.
El tema, corto y directo, se convirtió en una auténtica descarga de fuego. Cada estribillo detonaba como un cañón mientras enormes llamaradas surgían del escenario, y Andi Deris, lanzallamas en mano, proyectaba fuego hacia el techo del recinto, iluminando cada rincón con un resplandor anaranjado que parecía abrazar a la multitud. La combinación de música, luz y calor envolvió a todos, transformando la sala en un auténtico infierno de Power Metal y reactivando la energía del público hasta niveles extremos.
Sale Michael Kiske y nos presenta “Twilight of the Gods”, canción que no se tocaba en directo desde 1987, y eso son palabras mayores. Ahora el protagonismo recae por completo en él. La banda rescata la épica inconfundible de los ochenta, y Kiske, con su voz limpia y precisa, mantiene al público completamente entregado. Cada estrofa era una invitación a cantar, y el ambiente se volvió eléctrico desde los primeros compases.
La pantalla se transformó en un salón de juegos con enormes máquinas recreativas, que reforzaban el espíritu clásico del tema. Kai Hansen y Michael Weikath se alternaron los solos, desatando una oleada de coros entre los asistentes. El estribillo fue otro gran momento de comunión metalera, con miles de voces siguiendo a Kiske en un clímax de pura emoción.
Para cerrar, la pantalla mostró un GAME OVER seguido de un CONTINUE? YES/NO, imitando las viejas máquinas arcade. Por supuesto, la opción marcada era YES. Todavía quedaba mucha noche por delante y el apetito por más calabaza seguía intacto.
De nuevo aparece en la pantalla el brujo anterior para presentarnos “Ride the Sky”. La euforia se desata entre el público. En la pantalla aparece una especie de mandril furioso, perfectamente acorde con la agresividad del tema, mientras la banda entra a golpes de riffs y baquetazos que sacuden el recinto. Kai Hansen nos regala un agudo descomunal antes de lanzarse a cantar este clásico suyo, acompañado por unos coros atronadores que todo el público corea al unísono.
El tema es un auténtico cañonazo, pura dinamita de Power Heavy Metal, y eso se refleja en la pista: cabeceos, saltos y puños en alto desde el primer hasta el último segundo. En esta ocasión, el protagonismo de las guitarras recayó en Michael Weikath y, cómo no, en Kai Hansen, que se marcaron un solo conjunto simplemente alucinante. El tema termina, la pantalla se apaga y vuelve la oscuridad.
La voz de Michael Kiske, acompañada por un piano, vuelve a traer la luz a la cubierta mientras un enorme eclipse solar se proyecta en la pantalla central. Poco después se une Andi Deris, y juntos dan inicio a “Into the Sun”, otro de los temas nuevos del repertorio. La canción destaca por su espíritu melódico y su mensaje de esperanza, con ambos vocalistas alternándose en una armonía impecable que encajó perfectamente con la calidez visual del momento. Aun así, pese a la buena interpretación, fue un tema que no logró despertar una gran reacción entre el público, quizá por ser todavía una pieza demasiado reciente dentro del universo de Helloween.

Lord Andi
La pantalla se ilumina recreando unas mazmorras con calabazas condenadas colgando en jaulas, creando una atmósfera lúgubre que sirve de antesala para “Hey Lord!”, un tema que no se interpretaba en directo desde 2004. Andi Deris acaparó todos los focos, literalmente, con un haz de luz centrado solo en él mientras desplegaba toda su fuerza y actitud. En directo, la canción gana en intensidad, y el estribillo fue coreado con entusiasmo gracias a la constante interacción de Andi, que supo encender todavía más el ambiente.
Los solos corrieron a cargo de Sascha Gerstner y Michael Weikath, impecables en la ejecución y perfectamente sincronizados. Los acordes descendentes de guitarra, acompañados por un baño de luces rojas, pusieron el punto final al tema… y, como no podía ser de otra forma, la oscuridad volvió a envolver el recinto.
Un universo de estrellas apareció en la pantalla, dejando entrever la silueta de nuestro mago favorito mientras comenzaban a sonar los acordes de “Universe (Gravity for Hearts)”, uno de los nuevos cortes del último álbum. Michael Kiske, tomado del hombro de Sascha Gerstner, inició el tema con una interpretación dulce y contenida hasta que, de repente, todo explotó. La pantalla se volvió futurista y colorida, y las guitarras rugieron con ese sonido tan característico de Helloween. El fondo visual se transformó en un enorme karaoke para que pudiéramos cantar junto a Kiske, que llevó el peso vocal del tema con una elegancia impecable. A diferencia de otros temas nuevos, este sí logró levantar pasiones, es puro Helloween, con cambios de ritmo, pasajes instrumentales brillantes y guitarras que cobran vida entre columnas de humo que bordeaban el escenario. Hubo momentos de lucimiento para las tres guitarras, especialmente para Sascha. Este tema tiene todas las papeletas para convertirse en un futuro clásico de la banda.
Esta vez no hay oscuridad. Unas luces verticales amarillas y otras verdes en horizontal iluminan el escenario, dejando ver a Andi Deris, que aprovecha para presentar al guitarrista Sascha Gerstner y al bajista Markus Grosskopf antes de anunciar el siguiente tema, “Hell Was Made in Heaven”, que no se tocaba en directo desde 2014.
La pantalla se transforma en un muro de ladrillos decorado con un grafiti de la personificación de la calabaza, que se rompe tras los riffs iniciales para dejar ver, a través del agujero, imágenes en directo de la actuación. En esta canción, el peso vocal recae completamente en Andi, que vuelve a demostrar su dominio del escenario, animando constantemente al público e invitándolo a participar.
Los tres guitarristas disfrutan de su momento de gloria en un tema repleto de pasajes instrumentales brillantes que desatan la locura tanto en la pista como en las gradas. Es imposible mantenerse quieto ante semejante descarga de Metal. La canción termina con una ovación tremenda y, justo después… apagón de luces.

Cañonazos y paz en Leganés
Todos los focos apuntan al mismo lugar. Los bombos comienzan a tronar como ametralladoras, anunciando el momento del solo de batería. Es la ocasión perfecta para que Dani Löble se luzca con una ejecución impecable, donde técnica, potencia, velocidad y carisma se combinan en una demostración de maestría absoluta. El público responde con una ovación constante, acompañando el ritmo con palmas y vítores, mientras Dani convierte su solo en un auténtico espectáculo dentro del espectáculo.
Prácticamente sin pausa comienza a sonar uno de los himnos más esperados, “I Want Out”. La calabaza aparece en la pantalla en múltiples viñetas, como si estuviéramos viendo un cómic, mientras la multitud ruge al reconocer los primeros acordes. Michael Kiske y Andi Deris comparten el protagonismo vocal, desatando la locura desde el primer grito. Miles de gargantas cantan al unísono el tema de principio a fin, el estribillo suena como un cañonazo, el solo de guitarra de Kai Hansen, con Kiske abrazado a él, se convierte en un himno coreado por todos, y la conexión entre banda y público alcanza su punto máximo. En esta ocasión le lanzaron a Michael Kiske un gorro que simulaba una calabaza. Intentó ponérselo, pero no le cabía, así que lo devolvió entre risas. Voló entonces hacia Andi Deris, que corrió la misma suerte. La canción culminó con un estallido de confeti y serpentinas, un final apoteósico para uno de los momentos más mágicos y ovacionados de la noche.
Los asistentes colocaron luces verticales blancas en los laterales de la pasarela y una enorme lámpara de pie para dar la sensación de estar en un parque. Colocaron dos taburetes y tras una breve espera, salieron Michael Kiske y Andi Deris, al primero le dieron una guitarra acústica, situándose uno al lado del otro para entablar una conversación distendida con nosotros mientras afinaban la guitarra. Bromearon sobre encender un cigarro, momento en el que apareció de sopetón Kai Hansen y les propinó una colleja a cada uno, recriminándoles la idea de fumar.
La actitud de Kai fue especial durante toda la noche: no paró de bromear, saludar a la gente y mostrar gestos de complicidad tanto con el público como con sus compañeros. Todo lo contrario ocurrió con Sascha Gerstner y Michael Weikath, sobre todo este último, que se limitaron a tocar, excelentemente, por cierto, y ejecutar los movimientos estudiados para cada tema con un semblante bastante serio. Markus Grosskopf también estuvo simpático, aunque sin llegar al nivel de complicidad y cercanía que mostró Kai.
Tras la descarga anterior, el ambiente se transformó en calma y complicidad con una sección acústica muy especial. Calentaron la voz con un tema de Elvis para ya arrancar esta parte con “In the Middle of a Heartbeat”, que no se interpretaba desde 1996. Sonó íntima y melancólica, con Andi mostrando su faceta más emocional mientras Michael lo acompañaba a la guitarra. Fue un instante de recogimiento que recordó que, detrás del despliegue de luces y energía, también hay sentimiento y honestidad musical.
Sin apenas pausa, llegó “A Tale That Wasn't Right”. Esta vez se invirtieron los papeles, Andi tomó la guitarra acústica y Michael el micrófono. La canción comenzó en un formato acústico y cálido hasta que, con la entrada del solo de guitarra, el resto de la banda se sumó para llevarla a su versión original. Ambos vocalistas, frente a frente, se entregaron a una interpretación cargada de emoción. Fue uno de esos momentos en los que se podía sentir el respeto mutuo entre ellos y la conexión con el público. Momentazo emotivo donde los haya que arrancó muchos aplausos y seguro que alguna lágrima.
Abandona la banda el escenario e inmediatamente aparece Andi Deris, que comienza a interactuar con nosotros, nos dice que la primeras palabras que aprendió en español fue “de puta madre”. animándonos a gritar mientras caldea el ambiente antes de presentar “A Little Is a Little Too Much”, otro de los temas nuevos, interpretado a dúo por Andi y Michael Kiske. En la pantalla se mostraba la portada del último disco, envolviendo la cubierta en ese aire moderno que caracteriza esta nueva etapa.
El sonido fresco, rítmico y con un punto más actual conectó rápido con el público, que acompañó con palmas en varios momentos. Sascha Gerstner fue quien se llevó el foco instrumental, desplegando un solo elegante y muy en la línea del carácter renovado del tema. Es una canción que contrasta con el pasado más clásico de la banda, pero que demuestra cómo Helloween sabe actualizarse a lo que el mercado y las nuevas generaciones van pidiendo sin perder identidad. Sonó realmente bien en directo y la gente lo disfrutó.

El Heavy Metal es mi ley
El escenario se tiñó de azul y los focos apuntaron a Kai Hansen. Los “oe, oe, oe” no paraban y apenas le dejaban hablar. Volvió a tomar el micrófono para animarnos a repetir lo que él iba cantando, hasta que presentó “Heavy Metal (Is the Law)”. Desde el primer golpe de batería, quedó claro que se venía uno de los momentos más salvajes de la noche: pura actitud, velocidad y espíritu old school.
El tema, con su intro atronadora y esos riffs vertiginosos tan propios de la primera etapa de Helloween, sonó como una máquina del tiempo directa a los ochenta. En la pantalla no hacía falta decoración, con el nombre de la banda bastaba, es un tema ejecutado a la vieja usanza. De nuevo los tres guitarras nos deleitan con sus solos, mientras el bajo de Markus Grosskopf rugía con protagonismo desde la pasarela.
Los gritos de “HEAVY METAL!” coreados al unísono con Kai pusieron la piel de gallina, y los cuernos al cielo llenaron la cubierta en una imagen que condensó todo lo que significa esta banda legendaria.
La oscuridad volvió a reinar unos segundos hasta que en la pantalla apareció de nuevo el brujo. Se acercaba uno de los momentos más intensos de la noche. Entre imágenes de fantasmas y seres terroríficos comenzó a sonar la inquietante intro de “Halloween”. Andi Deris y Michael Kiske aparecieron en la parte superior del escenario, cada uno en un extremo, desde donde iniciaron el tema y también lo concluyeron, elevando aún más la carga épica del momento.
Este es otro de los grandes himnos de la banda, y las miles de voces sonando al unísono lo convirtieron en un instante de comunión total. Un tema largo, lleno de cambios, giros y solos de guitarra que todos tenemos grabados en la memoria. Fue un auténtico viaje sonoro que combinó historia, virtuosismo y emoción, y que sorprendentemente no se tocaba en directo desde 2018.
En mi opinión, “Halloween” debería estar siempre presente en sus conciertos. Solo eché en falta que al final hubiera algún detalle visual que reforzara su potencia y le diera un cierre aún más épico y apoteósico.
La banda se despide, ha finalizado la parte principal del concierto.

Llega el águila
La oscuridad se adueña del recinto y parece no querer marcharse. Los “oe, oe, oe” se vuelven atronadores y los pitos empiezan a sonar, reclamando la vuelta de la banda, que se hizo de rogar, aumentando aún más las ganas de tenerlos de nuevo frente a nosotros. Se escucha el chillido de un águila y, en ese instante, se me ponen los pelos de punta. Comienza a sonar la intro “Invitation”, mientras en la pantalla se forma un enorme 40, con la calabaza haciendo de cero. Entonces arranca “Eagle Fly Free” y un majestuoso águila metálico se adueña de la pantalla desplegando sus alas.
Con Michael Kiske al frente, el tema mantuvo la euforia colectiva de las canciones anteriores. El estribillo fue un rugido unánime, un clamor que hacía temblar la Cubierta, mientras los solos de guitarra encendían el ambiente. Cada músico tuvo su momento de protagonismo, demostrando por qué esta banda sigue siendo una máquina imparable en directo.
Al final, el águila emprendió el vuelo y desapareció de la pantalla. Vaya temazos nos estaba regalando Helloween, iban a acabar con nuestras gargantas de tanto cantar, pero nunca con nuestras ganas de seguir disfrutando de ellos.
Una explosión de confeti fue el cañonazo de salida de “Power”, un himno liderado por Andi Deris con su habitual carisma, desatando una nueva oleada de adrenalina. En la pantalla, una enorme turbina giratoria lanzaba destellos de luz que acompañaban los riffs iniciales, marcando el pulso de un tema que sigue siendo un estallido en directo.
El estribillo, coreado por toda la cubierta, hizo honor a su nombre: poder en estado puro. El solo de guitarra se convirtió en un momento de comunión, con miles de voces acompañando cada nota mientras Weikath, Gerstner y Hansen se adelantaban por la pasarela para desplegar su virtuosismo. Otro temazo vivido con intensidad, conscientes de que el final de esta descarga de Metal estaba cada vez más cerca.

Una noche inolvidable
Sin pausa, Michael Kiske nos presenta otro tema conocido por varias generaciones, “Dr. Stein”. Con los dos vocalistas de nuevo al frente, el recinto se transformó en una auténtica fiesta. Las palmas acompañaban cada riff mientras unos engendros creados por el Dr. Stein se movían por las pantallas bajas del escenario, aportando ese toque gamberro tan característico de la canción. Los tres guitarristas disfrutaron de su momento de protagonismo, encendiendo aún más un ambiente que ya estaba cargado de energía.
Saltos, palmas, puños en alto, vítores… la sensación de felicidad colectiva era absoluta. El tema finalizó con el “DR” en la pantalla y, sin dejar de sonar el último acorde de guitarra, la pantalla visual se cerró con una cortina roja, como si se tratara de un teatro y empieza a sonar el estribillo de “Keeper of the Seven Keys” aparece nuestro amado brujo, tampoco quiera perderse el final, con todos juntos en la pasarela terminando el tema, excepto el batería por razones obvias.
Toda la banda se reunió en el centro del escenario, recibiendo una ovación atronadora delante del logo del 40 aniversario y bajo una cortina de bengalas que caía desde el techo de la cubierta, donde una enorme calabaza con luces en los ojos y la nariz tampoco quiso perderse un concierto histórico. Un broche final perfecto para una noche inolvidable.
Terminada la despedida oficial, todos los miembros de Helloween se acercaron a los bordes del escenario para saludar por última vez y regalar púas y baquetas. Un “hasta pronto” impecable, digno de una velada que quedará grabada para siempre en la memoria de todos los presentes.
Setlist
- March of Time
- The King for a 1000 Years
- Future World
- This Is Tokyo
- We Burn
- Twilight of the Gods
- Ride the Sky
- Into the Sun
- Hey Lord!
- Universe (Gravity for Hearts)
- Hell Was Made in Heaven
- Solo Batería
- I Want Out
- In the Middle of a Heartbeat
- A Tale That Wasn't Right
- A Little Is a Little Too Much
- Heavy Metal (Is the Law)
- Halloween
- Invitation
- Eagle Fly Free
- Power
- Dr. Stein
- Keeper of the Seven Keys (fragmento)
Helloween son:
Andi Deris - Voz
Michael Kiske - Voz
Kai Hansen - Guitarra
Sascha Gerstner - Guitarra
Michael Weikath - Guitarra
Markus Grosskopf - Bajo
Dani Löble - Batería
Es muy difícil hacer un setlist que satisfaga a todo el mundo y el elegido para este aniversario me dejó sorprendido. No me encaja que en un 40 aniversario entren cuatro temas de su trabajo publicado recientemente, me parece excesivo. Con una ya habría bastado y así se habría dejado hueco a más clásicos. Habría sido más acertado centrarse en esos himnos que han definido su legado, algo parecido a lo que están haciendo Iron Maiden en su actual gira. El “Keeper of the Seven Keys” se merecía sonar íntegro en una ocasión así y no en una versión tan reducida.
Esta pequeña pataleta no empaña una noche en la que Helloween volvió a demostrar que el tiempo no les ha desgastado, sino fortalecido. Andi Deris, Michael Kiske y Kai Hansen dejaron claro que esa unión de voces y carisma sigue siendo irrepetible, mientras la triple guitarra y la base rítmica levantaban un muro sonoro que dejó sin aliento a más de uno. Con una puesta en escena espectacular hubo emoción, himnos, nostalgia, riffs afilados, momentos íntimos y explosiones de energía que hicieron temblar la Nueva Cubierta.
Un concierto de dos horas y veinte minutos que pasó volando y que no solo honró sus cuarenta años de historia, sino que confirmó que la magia de la calabaza sigue más viva que nunca. Fuimos testigos de una de esas noches que quedan grabadas para siempre, un triunfo absoluto del Power Metal en su máxima expresión.
Muchas gracias a Z!Live on Tour, en especial a su jefe de prensa, Andrés, por el excelente trato recibido y, cómo no, a TNT Radio Rock por su confianza en mí y por hacer posible cumplir este sueño: ver a Helloween y poder escribir su crónica.







Manolo muy buena crónica, yo no he podido asistir pero con tu crónica he podido sentir la emoción que tuviste que sentir.🤘
Hola Julen. Fue uno de los mejores conciertos que he visto, y eso se nota a la hora de transmitirlo. Me alegro que te haya gustado. Un abrazo y gracias por leerla.
Hola Manolo he leido tu critica, para que luego no me regañes y me digas que no las leo. Gracias a dios vi a Helloween hace unos años en el Leyendas pero bua tuvo que ser fantastico, gracias por tus fotos, y todos los detalles del concierto,también creo que vistes a algun amigo no. Un abrazo de tu compi del concierto del viernes en Jaen.
Estuvo genial. Sí, estaba detrás mía tu amigo. Otro abrazo fuerte para ti. Nos vemos en otro concierto
Vaya buena crónica, la he leído en dos veces, más completa imposible, detallada y parece que yo estaba allí.
Eso he intentado, que quien no tuviera la suerte de verlo supiera como fue, y el que lo vio lo reviviera. Gracias por leerla.