IRON MAIDEN – Rock Imperium (Cartagena, 04/07/26)
Iron Maiden no es un grupo más para mí. Es mucho más que mi banda favorita. En lo musical, son mis padres, porque gracias a ellos descubrí el Heavy Metal.
Cuando Iron Maiden visitó el legendario programa Tocata de RTVE, el 6 de marzo de 1984, mi vida cambió para siempre. Puedo decir sin exagerar que ese fue el día de mi nacimiento como heavy. En cuanto comenzaron a sonar los riffs de "The Trooper" sentí algo que ninguna otra música me había hecho experimentar hasta entonces. Me quedé completamente fascinado con aquella descarga de energía que recorrió mi cuerpo. Era como recibir una inyección intravenosa del estimulante más potente que existe. Mi cabeza no dejó de seguir el ritmo durante toda la actuación y, cuando terminó, solo quería más. Había caído en sus redes y se convirtió en una droga de la que nunca he querido desengancharme.
A la mañana siguiente, en el instituto, me acerqué al heavy de mi clase y le pedí que me pasara música de ese estilo. Me miró con una mezcla de sorpresa y alegría. Seguro que pensó: "Uno más". Al día siguiente tenía en mis manos dos cintas de cassette grabadas con Metallica y Anthrax. Desde aquel momento el Heavy Metal pasó a formar parte de mi vida y nunca ha dejado de acompañarme. La primera cinta que me compré fue 'Piece of Mind' de Iron Maiden, y esa icónica portada forma parte de mi piel.
Con estos antecedentes os podéis hacer una idea de lo que significa para mí asistir a un concierto de Iron Maiden. No es ir a ver a una banda cualquiera. Es reencontrarme con el grupo que cambió mi vida para siempre. Aunque los había visto el año pasado en Madrid con este mismo repertorio, no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de volver a disfrutar de ellos y quedarme afónico durante tres días, como me sucede cada vez que los veo.
En esta ocasión la cita tuvo lugar en el Rock Imperium de Cartagena y mi objetivo estaba muy claro. Quería ver a la Doncella de Hierro desde la primera fila para vivir el concierto con la máxima intensidad y, de paso, poder sacar fotos y vídeos que me sirvieran como recuerdo y también para ilustrar esta crónica. Para conseguirlo tuve que pasar muchas horas de pie bajo un sol abrasador, pero el esfuerzo mereció completamente la pena.
Quiero aprovechar también para agradecer al Rock Imperium el excelente trato que recibió toda la gente que estuvimos haciendo cola desde el mediodía y, posteriormente, ocupando las primeras filas. No dejaron de proporcionarnos agua en ningún momento y, una vez dentro del recinto, los manguerazos de agua nos devolvían la vida para poder aguantar otro buen rato bajo el sol. Sin esa agua "bendita" habría sido imposible soportar los abrasadores rayos solares, que no dieron tregua hasta las ocho de la tarde. Incluso repartieron tapones para los oídos, un detalle más que demuestra el cuidado que tuvo la organización con el público. Muchas gracias, Rock Imperium.

IRON MAIDEN
Como es costumbre en Iron Maiden, su hora de inicio son siempre las 21:00. Les da igual que a esa hora todavía luzca el sol. Con la puntualidad británica que les caracteriza, comienza a sonar "Doctor Doctor" de UFO. El público estalla de inmediato. Los gritos y los cánticos se adueñan del recinto mientras este clásico sirve de calentamiento y nos ayuda a descargar parte de la tensión acumulada antes de una cita tan esperada. El público comienza a corear al unísono: "MAIDEN, MAIDEN, MAIDEN...". Se acercaba el inicio del concierto.
A continuación empieza a sonar la introducción grabada "THE IDES OF MARCH". Durante esos minutos, las imágenes nos llevan por unas calles oscuras que transmiten una sensación de inquietud y aumentan todavía más la expectación por ver aparecer a la banda. Al mismo tiempo podemos contemplar la enorme pantalla situada al fondo del escenario, uno de los grandes protagonistas de la espectacular puesta en escena de esta gira.
El escenario es grandioso y está distribuido en dos alturas. La pared que separa ambos niveles incorpora varias pantallas de menor tamaño que complementan las imágenes proyectadas en la gigantesca pantalla central. A ambos lados del escenario se sitúan otras dos pantallas desde las que podemos seguir en todo momento a los músicos, logrando que nadie pierda detalle del espectáculo.
Escuchamos los primeros compases de "MURDERS IN THE RUE MORGUE". Su larga introducción nos confirma que el momento que llevábamos tanto tiempo esperando está a punto de llegar. Acompañamos la espera con palmas siguiendo el ritmo de la música mientras en la enorme pantalla aparece la portada de 'Killers'. Una explosión rompe el silencio y da paso a la banda. Ahora sí, Iron Maiden ya está sobre el escenario de Cartagena.
Para la gran mayoría de los que estamos allí no es una banda más, es nuestra banda favorita, y eso se percibe en el ambiente. El brillo de los ojos aumenta a medida que llega el instante de verlos aparecer. Los rostros reflejan felicidad. Por fin están ahí. Son ellos. Leyendas vivas del Heavy Metal. En mi caso, "mis padres" musicales.
Los gritos y los saltos con los que el público los recibe son una auténtica explosión de alegría, comparable a cuando tu equipo favorito marca el gol que le convierte en campeón en una final o a la canasta ganadora sobre la bocina. Estamos contemplando en directo a una banda que forma parte de nuestras vidas y ese brillo en los ojos, que hace apenas unos segundos era de pura emoción, acaba convirtiéndose en alguna lágrima que humedece la mirada y se desliza lentamente por la mejilla. Son Iron Maiden, los putos amos del Heavy Metal, y resulta muy difícil contener un sentimiento tan profundo.
Durante este tema la pantalla nos muestra una ciudad envuelta en la noche bajo una intensa tormenta, con la silueta de la Torre Eiffel dominando el horizonte. Mientras tanto, Bruce Dickinson ofrece la primera muestra de su inagotable energía, recorriendo el escenario de un lado a otro para saludar a un público completamente entregado desde el primer segundo.
Vuelve a aparecer la portada de 'Killers'. Steve Harris golpea su bajo para dar comienzo a "WRATHCHILD", un tema con el inconfundible sonido de los primeros Iron Maiden. Cada vez que llega el estribillo, el nombre de la canción retumba al unísono en todo Cartagena, coreado por miles de gargantas.

LA BESTIA APARECE EN CARTAGENA
La portada de 'Killers' permanece en la enorme pantalla porque llega el turno de "KILLERS", la canción que da nombre al disco. Las palmas resuenan en todo el recinto mientras los penetrantes gritos de Bruce Dickinson, los agresivos riffs de guitarra y la demoledora base rítmica crean una constante sensación de peligro. De repente aparece un Eddie gigante con la apariencia de esta gira, hacha en mano, intentando alcanzar a los músicos. Janick Gers acaba siendo víctima de su sed de sangre. La canción termina con un asesino descargando un hachazo sobre la pantalla, que se apaga de golpe.
Toda la banda desaparece del escenario excepto Bruce, que aprovecha para saludarnos, charlar unos instantes con el público y presentar la siguiente canción, "PHANTOM OF THE OPERA". La pantalla se transforma en un enorme telón que se abre al ritmo de los inmortales riffs del tema, dejando al descubierto una monumental escalinata que sirve de antesala a una gran ópera. La composición, perteneciente a su álbum de debut 'Iron Maiden' (1980), define a la perfección el estilo que marcaría la trayectoria de la banda. Una canción extensa, repleta de cambios de ritmo, con el bajo de Steve Harris desempeñando un papel protagonista, para eso es el jefazo, una brillante parte instrumental y unos riffs que forman parte de la historia del Heavy Metal. La canción se vive con la intensidad que merece un clásico de esta magnitud. Todo el público canta, salta, aplaude y responde a cada momento que propone la banda. Es uno de los mejores temas de Iron Maiden y, como suele ocurrir con los grandes himnos, en directo alcanza una dimensión todavía mayor.
Llega el momento de otro de los grandes himnos del Heavy Metal, "THE NUMBER OF THE BEAST", la canción que da nombre a su tercer disco, para muchos uno de los mejores trabajos de Iron Maiden. Un clásico imprescindible en los conciertos de la banda, recibido con una atronadora ovación desde el primer segundo. En la pantalla aparece la introducción narrada por Barry Clayton, que interpreta el célebre fragmento del Libro del Apocalipsis. La pantalla central proyecta escenas de terror en blanco y negro, mientras que las pantallas laterales muestran imágenes de los músicos con la misma estética, creando una atmósfera inquietante. Para reforzar todavía más ese ambiente, varios cañones de fuego verticales rodean el escenario, dando la sensación de encontrarnos en el mismísimo infierno cada vez que coreamos nuestro número favorito, el 666. El espectáculo culmina con un impresionante final envuelto en llamas, poniendo el broche de oro a una puesta en escena completamente a la altura de uno de los temas más importantes de la historia de Iron Maiden. Los ¡OE, OE, OE! retumban en toda la ciudad.

VIVIMOS UN SUEÑO
Al terminar, Bruce Dickinson vuelve a dirigirse al público y nos revela que hacía 38 años que no interpretaban la siguiente canción… La enorme pantalla muestra una de las ilustraciones interiores de 'Seventh Son of a Seventh Son', concretamente la de Eddie escribiendo con una bola de cristal frente a él. Es el momento de "INFINITE DREAMS", la única variación respecto al repertorio de la gira de 2025, en la que ese espacio estaba ocupado por "The Clairvoyant", también perteneciente a ese mismo álbum y que Iron Maiden no la interpretaba en directo desde el 12 de diciembre de 1988, durante la gira Seventh Tour of a Seventh Tour. Se trata de una canción con dos partes muy diferenciadas. La primera avanza con un desarrollo pausado y melódico, casi como una balada, mientras que la segunda rompe por completo esa atmósfera para dar paso a un estallido de velocidad, cambios de ritmo y ese sonido tan característico de la banda.
Suena la inquietante introducción de "POWERSLAVE". La gigantesca pantalla muestra la imponente pirámide de la portada de ese álbum y, de repente, la canción estalla acompañada por bengalas y una enorme barrera de fuego en la parte superior del escenario que, durante unos instantes, oculta a Bruce Dickinson, quien aparece ataviado con una espectacular máscara inspirada en la temática egipcia del álbum. Se trata de otra de esas composiciones largas tan características de Iron Maiden, con continuos cambios de ritmo y espectaculares solos de guitarra. Cuando llega el pasaje más lento, Bruce nos invita a acompañarlo con palmas siguiendo el ritmo de la canción y, en varias ocasiones, lanza su ya mítico "Scream for me...", al que Cartagena responde con un ensordecedor grito al unísono. Otro himno imprescindible de Iron Maiden, acompañado por una puesta en escena tan grandiosa como la propia canción.
Sin apenas interrupción comienzan a sonar unos riffs inconfundibles para cualquier seguidor de Iron Maiden. Es el turno de "2 MINUTES TO MIDNIGHT", otro de esos clásicos cuyo estribillo es cantado con una fuerza descomunal bajo la atenta mirada del Eddie de la portada del single que preside la pantalla central.

WATER, WATER EVERYWHERE
Al terminar, Bruce Dickinson vuelve a dirigirse al público para presentar la siguiente canción. Lo hace con una cantimplora en la mano y bromea sobre lo que puede haber en su interior: agua, rioja, brandy... Da un trago y, sentencia: "Sick... it's water, water everywhere". Llega uno de los momentos que más esperaba de la noche, mi segunda canción favorita de Iron Maiden, la colosal "RIME OF THE ANCIENT MARINER". Con sus más de trece minutos de duración es la segunda canción más larga de la discografía de la banda británica, solo superada por "Empire Of The Clouds", de dieciocho minutos, incluida en 'The Book of Souls' (2015). Desde sus primeros riffs y la percusión galopante quedas completamente atrapado por el relato épico de un grupo de marineros condenados a vagar a la deriva. Es una obra repleta de cambios de ritmo, pasajes épicos y momentos terroríficos, sin olvidar esa magistral parte instrumental que, cada vez que la escucho, consigue ponerme los pelos de punta. No es una canción más, es una obra de arte del Heavy Metal. A todo ello hay que sumar una puesta en escena sencillamente impresionante. La pantalla recrea las penurias de la travesía, el barco navegando sin rumbo, la aparición del albatros y la muerte, mientras el dramático bajo de Steve Harris se mezcla con el crujido del barco maldito perdido en alta mar. Entonces llega la extraordinaria parte instrumental, acompañada por cañonazos de bengalas que surgen desde la parte superior del escenario. Los solos de guitarra se suceden entre una espesa niebla que invade todo el escenario. ¡Qué espectáculo! Solo por disfrutar de este auténtico temazo en directo ya merece la pena pagar la entrada.
La sucesión de clásicos continúa con "RUN TO THE HILLS". La portada del single ocupa la pantalla central mientras las inferiores se llenan de llamas. Su frenético ritmo no concede un solo instante de respiro. Estamos corriendo por nuestras vidas y así lo cantamos con todas nuestras fuerzas. Impresiona escuchar a miles de seguidores entonando al unísono los coros y el inolvidable estribillo mientras enormes llamaradas envuelven el escenario para despedir la canción con otro final épico. Sin duda, fue uno de los temas que más hicieron retumbar el Rock Imperium aquella noche.
Todo se oscurece y crece la tensión esperando el siguiente tema, "SEVENTH SON OF A SEVENTH SON". Los riffs y los sonidos oscuros y profundos son los protagonistas del tema, sumergiéndonos en un ambiente místico de principio a fin. La portada de 'Seventh Son of a Seventh Son' ocupa la pantalla central, mientras las inferiores muestran hielo, reforzando la atmósfera fría y misteriosa de la canción. Un grito interminable de Bruce Dickinson, exprimiendo sus cuerdas vocales hasta un límite sobrehumano, hizo estallar una atronadora ovación del público mientras el alarido parecía no tener fin. Uno de esos momentos que te hacen pensar que todavía tenemos Bruce para muchos años. Simplemente impresionante. A partir de ahí se abren las puertas de una larga parte tenebrosa y angustiosa que desemboca en un espectacular final instrumental repleto de solos enérgicos y vertiginosos, cargado de la épica que caracteriza a Iron Maiden.

CONTIGO EMPEZÓ TODO
De nuevo todo queda a oscuras para esperar el tema al que le debo estar escribiendo estas líneas. "THE TROOPER" es mucho más que una canción para mí, como ya conté en la introducción. Por los gritos de júbilo que estallan en cuanto arrancan sus archiconocidos riffs tengo la impresión de que no soy el único que siente algo especial por ella. Un apunte. Es la canción de Iron Maiden con más reproducciones en las plataformas digitales. Por algo será.
La pantalla muestra la icónica portada del single, la misma que llevo en la camiseta cada vez que voy a ver a Iron Maiden, mientras Bruce Dickinson aparece en la parte superior del escenario con su inconfundible casaca roja ondeando la Union Jack. También es una de las pocas ocasiones del concierto en las que podemos ver juntos sobre el escenario a Steve Harris, Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers. hasta Eddie no quiere perderse el temazo y aparece vestido como Bruce blandiendo el sable y cantando los coros. Por un breve instante, Bruce Dickinson cambió la Union Jack por la bandera de España, un gesto que fue recibido con una enorme ovación por parte del público. El sonido de galope de las guitarras y la base rítmica simulando una carga de caballería, su riff pegadizo, su parte coral que nos invita a participar, sus fantásticos solos de guitarra... resumiendo, un himno inmortal que es vívido por todos con la intensidad que merece la ocasión.
Otro momentazo espectacular está a punto de llegar con "HALLOWED BE THY NAME". En la pantalla vemos una celda y, a través de su ventana, el cadalso donde va a ejecutarse al condenado. Mientras tanto, suena esa inolvidable introducción que transmite toda la angustia de quien sabe que su hora final está cada vez más cerca. Bruce Dickinson aparece preso, cantando entre barrotes dentro de una jaula. Los gritos, los saltos y los coros del público no cesan durante toda la canción. Llega entonces la magnífica parte instrumental, otra más made in Iron Maiden. Una explosión abre la jaula que mantenía prisionero a Bruce y comienza su huida por una pronunciada pendiente mientras la Muerte le persigue al ritmo de los espectaculares solos de guitarra. Al llegar al final del camino ya no hay escapatoria. Delante de él solo quedan la soga y el precipicio. Su destino parece escrito. La cuerda rodea su cuello y acaba cayendo al vacío. De repente, una explosión de humo envuelve el escenario y Bruce Dickinson reaparece fuera de la jaula con la soga en la mano. Ha burlado a la muerte para cantar el final del tema. Otro instante inolvidable que quedará grabado para siempre en la memoria de todos los que estuvimos allí.

"SCREAM FOR ME..."
Y para cerrar la parte principal del concierto, nada mejor que "IRON MAIDEN", la canción que da nombre a la banda y a su primer disco. Otro de esos temas con un riff que todos tenemos incrustado en el cerebro y que transcurre con la imagen de una tormenta en la pantalla donde los rayos forman el nombre de la banda. hasta que aparece la habitación acolchada que contiene al Eddie del 'Piece of Mind' luchando para librase de las cadenas, consigue romperlas y aparece en grande mirándonos y lanzándose hacia nosotros de manera agresiva. Un efecto en tres dimensiones muy conseguido que sustituye al clásico Eddie gigante de otras épocas. Bruce Dickinson se encarga de mantener la tensión con su "Scream for me...", que utiliza en varios momentos del concierto y que supone una nueva inyección de energía para que el público responda gritando todavía con más fuerza. Una explosión pone el punto y seguido al concierto. Toda la banda se acerca al borde del escenario para saludar y repartir púas y baquetas antes de abandonarlo.
Todo vuelve a quedarse a oscuras y el público comienza a pedir con fuerza e insistencia el regreso de Iron Maiden, que se hace de rogar durante unos instantes... Hasta que el sonido de las ametralladoras rompe el silencio y las luces superiores dibujan el rastro de las balas, mientras las inferiores simulan los haces de los reflectores antiaéreos buscando aviones en plena noche. Entonces empieza a escucharse el inconfundible motor de un avión...

MIEDO... A QUE ESTO SE ACABE
Suena la introducción "CHURCHILL'S SPEECH". Los aviones invaden la pantalla y, acto seguido, irrumpen los potentes riffs y el inconfundible bajo de "ACES HIGH". La canción, un homenaje a los ases de la aviación, cobra todavía más fuerza con Bruce Dickinson vestido como un piloto de la Royal Air Force, mientras en la pantalla se recrea la Batalla de Inglaterra de 1940, con Eddie pilotando un avión y derribando a todos los enemigos que se cruzan en su camino. Es un tema vertiginoso de principio a fin, que transmite la sensación de estar volando en pleno combate aéreo. Cuando llega el estribillo, miles de voces se unen para cantar con todas sus fuerzas "Run, live to fly, fly to live, do or die... Aces High".
Y llega uno de los momentos más intensos de cualquier concierto de Iron Maiden, "FEAR OF THE DARK". Si hay una canción hecha para el directo es esta. La conexión entre la banda y el público alcanza su punto más alto. Coreamos, cantamos, saltamos, cabeceamos y, por unos minutos, hasta sentimos el miedo a la oscuridad. Bruce Dickinson aparece entre la niebla vestido con un frock coat decimonónico y un sombrero de copa, una indumentaria inspirada en la estética de Jack el Destripador. En una mano sostiene un farol mientras acecha por el escenario con movimientos inquietantes, hasta que estalla el trepidante ritmo de la canción y el público enloquece por completo. La pantalla nos muestra un cementerio y los árboles de la portada de 'Fear of the Dark', reforzando esa atmósfera de terror mientras el himno retumba con fuerza y nuestros cánticos y saltos parecen hacer temblar Cartagena. La canción termina igual que comenzó. Bruce se aleja lentamente, dejando que el miedo vuelva a apoderarse de la ciudad.
Prácticamente sin pausa arranca "WASTED YEARS" con esos inconfundibles punteos y sus pegadizos riffs. Todo se transforma en un ambiente futurista mientras Bruce Dickinson nos pide un último esfuerzo. Yo, a pesar del castigo físico acumulado, habría estado otra hora más junto a ellos, pero por desgracia todo llega a su fin. Es la última canción y hay que darlo todo. Y así lo hacemos. La poca voz que nos queda la dejamos en el estribillo mientras Steve Harris nos ametralla por última vez con su bajo, Janick Gers vuelve a dejarnos boquiabiertos con sus acrobacias a la guitarra y el resto de la banda descarga toda su energía en un final lleno de fuerza y emoción. Nunca nos gusta ver a Iron Maiden despedirse. Después de tantos años, uno siempre piensa que quizá esa haya sido la última vez que los verá sobre un escenario, y ese pensamiento hace que los últimos minutos se vivan de una forma muy especial.
Con el habitual reparto de púas, muñequeras y baquetas concluye una noche inolvidable para cualquiera que ame el Heavy Metal, pero especialmente para quienes sentimos que Iron Maiden forma parte de nuestra vida.

LOS MÁS GRANDES
Cuando vas a un concierto de una banda grande, e Iron Maiden es la más grande, sabes que vas a disfrutar de un espectáculo en todos los aspectos. Un escenario colosal, tanto que para actuar en este festival han tenido que suprimir uno de los dos escenarios principales. Los británicos solo actúan bajo sus propias condiciones y una de ellas es llevar su escenografía completa para que los fans podamos disfrutar de ellos en todo su esplendor. Todo es espectacular. Las luces, el sonido y el escenario a dos alturas con sus impresionantes pantallas, que ya he descrito al inicio de esta crónica.
Músicos de la talla y la experiencia de los que componen Iron Maiden funcionan como un reloj suizo. No fallan. Bruce Dickinson está hiperactivo durante todo el concierto, recorriendo las dos alturas del escenario, cantando con esa voz tan reconocible, cambiándose varias veces de vestuario para meterse de lleno en cada tema e interactuando con el público siempre que puede. Steve Harris es otra fuerza de la naturaleza y tampoco deja de moverse con su mítica pose, haciendo las delicias de todos los presentes. Dave Murray y Adrian Smith son menos activos en cuanto al movimiento sobre el escenario, pero lo compensan con su maestría a la guitarra. Sobre ellos recae el mayor peso de los solos durante todo el concierto, ejecutándolos con una elegancia y una precisión extraordinarias.
Otro que no para ni un segundo es Janick Gers. Recorre el escenario constantemente mientras nos regala gestos y poses espectaculares. Es un auténtico espectáculo contemplar sus acrobacias con la guitarra y su peculiar forma de ejecutar los solos, con el instrumento en vertical mientras él se inclina hacia atrás. Si lo tienes delante, como fue mi caso, es imposible dejar de mirarlo.
Quien tiene menos protagonismo es Simon Dawson. Salvo por la contundencia del sonido que sale de sus baquetas al golpear la batería, incluso su posición sobre el escenario resulta algo marginal. Está situado dentro de la estructura de la doble altura, entre las pantallas inferiores, de manera que solo puedes verlo si ocupas una posición centrada o cuando las cámaras lo enfocan en las pantallas laterales. Es lo que tiene no tener el estatus de leyenda dentro de la que, para muchos, es la mejor banda de la historia del Heavy Metal.
Solo tengo dos peros que ponerle al concierto:
El primero es la hora de inicio. Empezar a las 21:00 en pleno verano, con el sol todavía fuera, nos priva de disfrutar del espectáculo lumínico en su máximo esplendor desde el primer minuto.
El segundo tiene que ver con el repertorio. Ya que decidieron introducir un cambio en el setlist recuperando "Infinite Dreams", podrían haber aprovechado la ocasión para rescatar algún tema de 'No Prayer for the Dying', el gran olvidado de esta gira.
La gran mayoría salimos del concierto completamente afónicos, pero nuestras caras reflejaban la felicidad de haber asistido a otra noche histórica, con un repertorio repleto de clásicos atemporales que seguirán sonando generación tras generación.
Ojalá tengamos más oportunidades de volver a ver a Iron Maiden sobre un escenario, aunque esta gira me transmite cierto aroma a despedida. Nicko McBrain ya dio un paso al lado y los años no pasan en balde para nadie, aunque lo demostrado esa noche deja claro que la banda sigue estando a un nivel extraordinario. Una gira de esta envergadura supone un enorme esfuerzo físico y mental, y quizá sea mejor decir adiós en lo más alto que arrastrarse por los escenarios. Prefiero que el recuerdo de Iron Maiden siga siendo el de noches como esta, capaces de hacerme llorar, ponerme la piel de gallina y recordarme por qué llevo toda una vida amando el Heavy Metal.
Gracias, Iron Maiden, por todo lo que me habéis hecho sentir con vuestra música. Y si volvéis a España, allí estaré otra vez para daros las gracias cantando junto a vosotros.
UP THE IRONS!!
Iron Maiden son:
Bruce Dickinson – Voz
Steve Harris – Bajo y coros
Dave Murray – Guitarra
Adrian Smith – Guitarra y coros
Janick Gers – Guitarra
Simon Dawson – Batería
SETLIST:
Intro:
Doctor Doctor (UFO)
The Ides of March
Main Set:
- Murders in the Rue Morgue
- Wrathchild
- Killers
- Phantom of the Opera
- The Number of the Beast
- Infinite Dreams
- Powerslave
- 2 Minutes to Midnight
- Rime of the Ancient Mariner
- Run to the Hills
- Seventh Son of a Seventh Son
- The Trooper
- Hallowed Be Thy Name
- Iron Maiden
Encore:
15. Aces High
16. Fear of the Dark
17. Wasted Years
Outro:
Always Look on the Bright Side of Life (Monty Python)







BRILLANTE CRONICA MANUEL, COMO ACOSTUMBRAS Y VENDITA DROGA MAIDEN,YO NO ME VOY A DESENGANCHAR JAMAS.GRACIAS
Muchas gracias, Julen. Iron Maiden son droga de la buena
Excelente reportaje
Muchas gracias
Que gran critica de nuestro amigo Manolo, muy currada
Muchas gracias