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Crónica de concierto

MEDINA AZAHARA + CIRCO DE PULGAS + OMNIA TRANSIT (Badajoz, 26/06/26)

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El Auditorio del Recinto Ferial de Badajoz acogió una de las citas musicales más esperadas de las Ferias de San Juan: el concierto de la gira de despedida de Medina Azahara, acompañados por dos bandas extremeñas, Circo de Pulgas y Omnia Transit. A medida que caía la tarde el público fue llenando el recinto para disfrutar de una velada que combinó el desparpajo del rock urbano, la contundencia del metal hecho en casa y el emotivo adiós de una de las formaciones imprescindibles de la historia del rock español. Más de tres horas de música en directo que confirmaron el excelente momento de la escena regional y sirvieron para rendir homenaje a una banda que, después de más de cuatro décadas sobre los escenarios, continúa emocionando con la misma honestidad de siempre.

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CIRCO DE PULGAS

Aún hacía calor —aunque no tanto como en jornadas anteriores— y el sol seguía cayendo con fuerza cuando el primer grupo invitado, Circo de Pulgas, rompió el hielo con su rock irreverente y salpicado de influencias urbanas. Durante tres cuartos de hora defendieron sobre el escenario un valiente repertorio de temas propios, demostrando personalidad y una propuesta con identidad. Su música, fresca, contundente y sin tapujos, conectó desde el primer momento con un público que respondió con entusiasmo.

La banda aprovechó muy bien el tiempo del que dispuso, mostrando la actitud y el oficio de quienes interpretan canciones en las que creen y con las que disfrutan. Esa complicidad se trasladó con facilidad a los asistentes, en buena parte gracias al carisma de su cantante, un auténtico showman que no dejó de interactuar con el público, convirtiendo cada canción en una pequeña puesta en escena. Bromearon con el Mundial de fútbol, que conectaron con su tema “Todos los futbolistas me caen mal”  y también aprovecharon el recinto en el que se encontraban para presentar su tema “Último día de feria”. Como broche final, con la noche ya echada, se atrevieron a reinterpretar el ya clásico ”ellos dicen mierda, nosotros amén”, adaptándolo a su propio estilo. Un cierre enérgico que les permitió despedirse dejando un excelente sabor de boca entre los presentes.

OMNIA TRANSIT

Tras un cambio de escenario muy ágil, Omnia Transit, segunda banda de la noche y también de la tierra, tomó el relevo sin apenas dar tiempo a que decayera el ambiente. Poco más de diez minutos bastaron para que los cinco músicos estuvieran listos. La introducción, construida sobre la conocida sintonía de la serie de animación Don Quijote, fue transformándose poco a poco en una potente entrada instrumental que sirvió para presentar una actuación intensa desde sus primeros compases.

Con varios años de carretera a sus espaldas y numerosos conciertos por toda la península, Omnia Transit volvió a demostrar por qué se ha convertido en una de las referencias del rock y el metal extremeño. Su propuesta combina la contundencia del hard rock con la solidez del heavy metal clásico, una fórmula que les permitió mantener el interés del público durante toda la actuación.

El repertorio recorrió buena parte de su trayectoria, alternando composiciones de sus primeros trabajos, como “En otro lugar” o “Niños de la guerra”, con canciones de su disco más reciente, “Examen de conciencia”. Al tratarse de una actuación en casa, la banda quiso además reivindicar parte de la memoria histórica de la ciudad proyectando el videoclip de “Fusilado”, dedicado a la toma de Badajoz, uno de los momentos más simbólicos de su concierto.

Sin abandonar ese compromiso, también hubo espacio para un tono más festivo y participativo. La interpretación de “Bella Ciao” volvió a conectar rápidamente con los asistentes y la adaptación de “Mi gran noche”, popularizada por Raphael, terminó convirtiéndose en uno de los momentos más desenfadados de la actuación, con buena parte del público acompañando el estribillo.

Cuando Omnia Transit abandonó el escenario, el ambiente ya estaba plenamente caldeado. El público había respondido con entusiasmo y todo quedaba preparado para la llegada del plato fuerte de la noche: Medina Azahara.

MEDINA AZAHARA

No era una tarde de abril con tiempo de primavera. Eran ya casi las doce y el calor seguía dejando notar su presencia, aunque resultaba mucho más llevadero que durante las horas previas. Fue entonces cuando Medina Azahara apareció sobre el escenario. Como viene siendo habitual en esta gira de despedida, una cuenta atrás proyectada en las pantallas anunció el inicio del concierto. Confieso que ese instante me hizo viajar inevitablemente a la última vez que los vi, en septiembre de 2025. Aquella noche encontré a Manuel Martínez visiblemente fatigado y, pocas semanas después, la banda se vio obligada a aplazar varias actuaciones por motivos de salud. Por eso, mientras sonaban los primeros compases, no pude evitar cierta incertidumbre. Sin embargo, bastaron apenas unos minutos para que todos aquellos temores se disiparan. Medina Azahara arrancó con fuerza, convicción y, sobre todo, con unas ganas contagiosas de disfrutar sobre el escenario. La banda sonó sólida desde el primer momento y dejó claro que no había venido simplemente a cumplir con una fecha más de la gira, sino a ofrecer uno de esos conciertos que justifican por sí solos una trayectoria de más de cuatro décadas.

Y me alegré, sinceramente. He visto a Medina Azahara en numerosas ocasiones durante los últimos treinta y cinco años y me resistía a que el recuerdo de aquel concierto de 2025 terminara empañando esas vivencias musicales. Sin ánimo de hacer spoilers, puedo adelantar que aquella sensación inicial terminó transformándose en la certeza de estar asistiendo a una actuación magnífica, de esas que reconcilian al público con una banda que sigue defendiendo su legado con enorme dignidad.  A lo largo de noventa minutos, Medina Azahara invitó al público a recorrer una parte fundamental de la memoria colectiva del rock español. Más que un concierto, fue un viaje por canciones que han acompañado a varias generaciones y que, con el paso del tiempo, han terminado formando parte del imaginario de miles de seguidores. Era inevitable dejarse llevar por melodías que, de un modo u otro, todos hemos escuchado alguna vez: paseamos por la mezquita y descubrimos algo nuevo.

Manuel Martínez ejerció de perfecto anfitrión durante toda la noche. Entre canción y canción se dirigía constantemente al público con la cercanía que siempre le ha caracterizado: «¿Estáis bien? ¿Todo el mundo está bien?». Lejos de limitarse a presentar los temas, fue compartiendo pequeñas anécdotas y recuerdos que ayudaban a contextualizar canciones como “Junto a Lucía”, reforzando esa sensación de proximidad que siempre ha distinguido a la banda.

Uno de los momentos más emotivos llegó con la interpretación de “Solo y sin ti”, dedicada a su hijo. Fue uno de esos instantes en los que el tiempo pareció detenerse antes de volver a acelerar con composiciones mucho más enérgicas como “Velocidad”, demostrando la capacidad de Medina Azahara para alternar pasajes íntimos con otros de mayor intensidad sin perder nunca el pulso del concierto.

Con el paso de los minutos comenzó a intuirse que el final se acercaba. “A toda esa gente” abrió el camino hacia el desenlace antes de que sonara un monumental “Necesito respirar”. El estribillo, convertido desde hace décadas en un auténtico himno, fue coreado sin base instrumental, al unísono, mientras la batería marcaba el ritmo y la letra aparecía proyectada en las pantallas del escenario. Uno de esos momentos en los que el protagonismo deja de pertenecer a la banda para pasar por completo al público.

Como no podía ser de otra manera, “Todo tiene su fin” puso el broche a la actuación. Antes de despedirse, Manuel Martínez fue presentando uno a uno a los integrantes de la banda y al equipo técnico, dedicando palabras de reconocimiento a todos ellos. El momento más especial llegó cuando cedió el micrófono a Paco Ventura, quien quiso rendir homenaje al propio Manuel, recordando que ha sido su voz, sus canciones y su forma de entender la música las que han mantenido unido al grupo durante más de cuatro décadas.

En definitiva, Medina Azahara estuvo a la altura de una gira tan cargada de simbolismo. Más allá de la nostalgia, la banda ofreció un concierto sólido, emocionante y lleno de oficio, demostrando que sigue conservando intacta la capacidad de emocionar a un público que respondió entregado de principio a fin. Si este adiós continúa transitando por escenarios como el de Badajoz, será una despedida a la altura de una de las grandes formaciones de la historia del rock español.

Cuando se encendieron las luces y el público comenzó a abandonar el recinto, quedó la sensación de haber asistido a una noche especial. Si esta gira de despedida pretende agradecer más de cuatro décadas de fidelidad, conciertos como el de Badajoz cumplen sobradamente ese propósito. Porque las canciones permanecen, los recuerdos también… y, aunque todo tenga su fin, hay noches que merecen quedarse para siempre en la memoria.

Fotos de MEDINA AZAHARA + CIRCO DE PULGAS + OMNIA TRANSIT (Badajoz, 26/06/26)

Publicado el 29 de junio, 2026
Alfonso Vazquez
Realizada por Alfonso Vazquez
Colaborador de TNT Radio Rock

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