Under Influence; Vilhelm "Ishamael" Andersson (GREY SHORES) - SUMMONING - “Marching Homewards” (1995)
Para Vilhelm, de Grey Shores, elegir una influencia musical significa regresar a una banda que lleva muchos años acompañándolo: Summoning. El grupo austriaco ocupa un lugar especial entre sus referencias por una manera de construir atmósferas en la que conviven elementos de la música clásica, guitarras de trémolo frías y una combinación de voces corales y registros más ásperos.
Es precisamente esa mezcla lo que ha mantenido su interés a lo largo del tiempo. Ville no destaca únicamente un riff, una melodía o una interpretación vocal, sino la forma en que todos esos recursos se integran en la música de Summoning. La dimensión atmosférica de sus composiciones y el contraste entre sus diferentes elementos son aspectos que siempre le han resultado especialmente atractivos.
Su elección para Under Influence es “Marching Homewards”, incluida en Minas Morgul, el álbum que Summoning publicó en 1995. Una composición que, más allá de representar las características que admira del grupo, conserva para él una capacidad de estímulo muy concreta: cada vez que la escucha, siente ganas de coger la guitarra y ponerse a tocar con ella.
Quiero compartirles una joya de banda que me ha influenciado musicalmente durante muchos años: Summoning, de Austria. Su atmósfera y la combinación de elementos clásicos con guitarras de trémolo frío, junto con la mezcla de coros y voces más ásperas, siempre me han encantado. Es casi imposible elegir una canción, ya que tienen un extenso catálogo, pero "Marching Homewards", del clásico de 1995 "Minas Morgul", siempre me dan ganas de coger la guitarra y tocar con ellos. -Ville

SUMMONING - Marching Homewards (1995)
Hablar de Summoning es hacerlo de una de las formaciones que mejor han sabido construir una identidad propia dentro del black metal europeo. Mientras buena parte de la escena escandinava de los primeros noventa encontraba su expresión en la crudeza, la velocidad y una producción deliberadamente áspera, estos músicos austríacos comenzaron a desarrollar un lenguaje diferente, en el que las guitarras distorsionadas convivían con sintetizadores, melodías de inspiración medieval y una particular concepción de la atmósfera.
Su música no pretendía reproducir simplemente la agresividad del black metal. Buscaba transportar al oyente a otro lugar, levantar paisajes imaginarios mediante composiciones extensas, ritmos ceremoniales y melodías que parecían pertenecer a un tiempo remoto.
La elección de «Marching Homewards», incluida en Minas Morgul (1995), permite regresar a uno de los momentos decisivos de esa transformación. El segundo álbum de Summoning no fue únicamente una continuación de su debut: supuso el establecimiento de buena parte de las características que terminarían convirtiendo a la formación en una referencia del black metal atmosférico.
Summoning nació en Viena en 1993, alrededor de Richard Lederer, conocido como Protector, y Michael Gregor, Silenius, dos músicos que acabarían convirtiéndose en el núcleo creativo de la formación. Durante sus primeros pasos también participó el batería Trifixion, cuando el grupo todavía se encontraba mucho más próximo al black metal tradicional.
Su primer álbum, Lugburz, publicado en marzo de 1995, mostraba precisamente esa orientación inicial. Las guitarras rápidas, las voces desgarradas y las estructuras relativamente convencionales lo situaban dentro de los parámetros del género, aunque ya podían reconocerse algunas inclinaciones melódicas y atmosféricas que adquirirían mayor importancia posteriormente.
Sin embargo, la transformación llegó extraordinariamente pronto. En octubre de aquel mismo año apareció Minas Morgul, también a través de Napalm Records, un trabajo en el que Protector y Silenius comenzaron a alejarse de las fórmulas de su debut. La batería programada adquirió un papel fundamental, los teclados dejaron de ser un acompañamiento y las composiciones comenzaron a desarrollarse sobre estructuras repetitivas, lentas y envolventes.
La propia Napalm Records considera que el cambio fue tan pronunciado que muchos seguidores identifican Minas Morgul como el verdadero debut artístico de Summoning.
La obra de J. R. R. Tolkien ha sido uno de los elementos centrales de la identidad de Summoning desde sus comienzos. No se trata únicamente de utilizar nombres procedentes de El Señor de los Anillos o El Silmarillion, sino de trasladar musicalmente la sensación de antigüedad, inmensidad y misterio que caracteriza a la Tierra Media.
El propio nombre del álbum, Minas Morgul, remite a la ciudad fortificada que terminó bajo el dominio de los Nazgûl. Otros títulos del disco hacen referencia a lugares y acontecimientos del legendarium de Tolkien: Orthanc, la torre de Isengard; Ungoliant, la antigua criatura arácnida; o Dagor Bragollach, la Batalla de la Llama Súbita narrada en El Silmarillion.
Pero Summoning nunca ha necesitado reproducir literalmente una batalla para evocar su grandeza. Sus melodías, los sonidos de apariencia orquestal y los ritmos de marcha generan la impresión de encontrarse ante ejércitos lejanos, fortalezas abandonadas o territorios que han sobrevivido durante siglos.
En ese sentido, los sintetizadores resultan fundamentales. No buscan imitar una orquesta con absoluto realismo, sino aportar una sonoridad reconocible, en ocasiones cercana a las bandas sonoras de videojuegos de fantasía de los años noventa. Esa cualidad, lejos de restar personalidad a las composiciones, terminó siendo una de las principales señas de identidad del grupo
El disco desarrolla una forma de entender el black metal en la que la velocidad deja de ser el elemento dominante. Los ritmos programados proporcionan una base constante sobre la que se superponen guitarras de trémolo, líneas de teclado y voces ásperas que parecen surgir desde el fondo de la mezcla.
Temas como «The Passing of the Grey Company» o «Dor Daedeloth» muestran hasta qué punto la repetición puede convertirse en una herramienta compositiva. Las melodías regresan una y otra vez, pero la incorporación de nuevos elementos y los pequeños cambios de intensidad modifican progresivamente su efecto.
El resultado es una música que exige cierta disposición por parte del oyente. Summoning no construye sus canciones alrededor de estribillos inmediatos ni de grandes cambios de velocidad. Prefiere desarrollar una idea durante varios minutos, permitiendo que su atmósfera se consolide.
Hay también una particularidad importante en la producción. Las guitarras no siempre ocupan el primer plano, como sucede en buena parte del black metal de la época. En muchos pasajes quedan integradas en una masa sonora dominada por los teclados, mientras la percusión programada mantiene un pulso casi militar.
Este planteamiento sería perfeccionado en trabajos posteriores como Dol Guldur (1997), Stronghold (1999) o Let Mortal Heroes Sing Your Fame (2001), pero sus fundamentos ya estaban presentes en Minas Morgul.
La composición elegida para esta entrega de UNDER INFLUENCE representa especialmente bien la nueva dirección que Summoning había tomado en 1995.
«Marching Homewards» —que podemos traducir como «Marchando hacia el hogar»— se construye sobre una base rítmica persistente y una sucesión de melodías que transmiten una sensación de avance continuo. La percusión programada marca el paso, mientras las guitarras aportan una textura áspera y los teclados desarrollan buena parte del carácter épico de la pieza.
Uno de sus mayores atractivos es precisamente la relación entre estos instrumentos. Las guitarras mantienen la conexión con el black metal, pero no necesitan dominar cada instante. Los teclados asumen una función melódica esencial y las voces extremas refuerzan el contraste entre la dureza del género y la solemnidad de los arreglos.
La composición posee un carácter casi procesional. No transmite tanto la violencia inmediata de un enfrentamiento como la sensación de un desplazamiento prolongado, de una marcha que continúa más allá de lo que podemos contemplar.
También resulta interesante la manera en que Summoning utiliza la repetición. En lugar de encadenar riffs muy diferentes, insiste en determinados motivos musicales y permite que el oyente se familiarice con ellos. Esa insistencia produce un efecto acumulativo: las melodías ganan fuerza a medida que avanza la canción y los ocho minutos terminan funcionando como un desarrollo continuo.
Para un guitarrista, «Marching Homewards» ofrece además una lección interesante. Su atractivo no reside en la complejidad técnica o en una sucesión de solos, sino en la capacidad de unas líneas relativamente sencillas para integrarse en un conjunto mucho más amplio. La guitarra contribuye a sostener la atmósfera sin reclamar constantemente el protagonismo.
La relación de Summoning con la literatura fantástica también dejó una curiosidad en la presentación visual de Minas Morgul.
Aunque el álbum está profundamente vinculado al universo de Tolkien, la ilustración de su portada no fue creada originalmente para representar la ciudad de Minas Morgul. Procede de una pintura de Mark Harrison, realizada para la cubierta de la novela The Call of the Sword (1988), del escritor Roger Taylor.
La propia Napalm Records confirma este origen, un detalle que demuestra cómo el imaginario visual de la fantasía literaria terminó integrándose en la identidad del black metal atmosférico.
Con el paso de los años, Summoning se ha convertido en una referencia fundamental para comprender el desarrollo del black metal épico y atmosférico. Su influencia puede reconocerse en numerosas formaciones que han explorado la combinación de guitarras extremas, teclados de carácter orquestal y composiciones de largo recorrido.
Desde Minas Morgul hasta trabajos posteriores como Old Mornings Dawn (2013) y With Doom We Come (2018), la formación ha mantenido una personalidad fácilmente reconocible, evolucionando en la riqueza de sus arreglos sin abandonar los fundamentos que estableció durante aquellos primeros años.
«Marching Homewards» pertenece justamente al momento en que ese lenguaje comenzó a tomar forma. Una canción que resume la capacidad de Summoning para combinar la crudeza del black metal con melodías épicas, estructuras repetitivas y una concepción musical profundamente ligada a la fantasía.
Y quizá ahí se encuentre una de las mayores virtudes de los austríacos: haber conseguido que su música resulte reconocible desde los primeros compases, sin necesidad de renunciar a las raíces extremas de las que surgió.

GREY SHORES
La escena sueca continúa ofreciendo proyectos capaces de explorar nuevas posibilidades dentro del metal extremo, y GREY SHORES es una de esas formaciones que han encontrado en la combinación de diferentes lenguajes musicales una manera de construir su propia identidad. Nacidos en Estocolmo en 2023, el grupo está formado por Martin Andersson y Vilhelm «Ishamael» Andersson, dos músicos con una trayectoria previa vinculada al black metal y al post-rock que decidieron unir sus inquietudes en un proyecto donde la melancolía tiene tanta importancia como la agresividad.
Aunque comparten apellido, no existe parentesco familiar entre ellos. Como nos aclaraba el propio Vilhelm en nuestra reciente entrevista para TNT Radio Rock, ambos mantenían una amistad desde hacía años y sus respectivas bandas habían compartido escenario en numerosas ocasiones. La iniciativa de trabajar juntos surgió de Martin, y lo que inicialmente comenzó como una conversación sobre posibles ideas musicales terminó convirtiéndose en GREY SHORES.
Sus antecedentes ayudan a comprender la orientación del proyecto. Martin está vinculado a Astrophobos, formación sueca de black metal, mientras que Vilhelm aporta su experiencia en Seas of Years, banda instrumental de post-rock. Dos procedencias musicales diferentes que, lejos de competir entre sí, terminaron complementándose durante la composición de su primer trabajo.
El resultado llegó el 4 de septiembre de 2026 con Dark Waters of Night, un álbum debut autoeditado que reúne siete composiciones y presenta una propuesta construida alrededor de guitarras melancólicas, desarrollos atmosféricos, voces limpias y pasajes de black metal mucho más agresivos. Sin embargo, su principal atractivo no reside únicamente en esa combinación de estilos, sino en la naturalidad con la que ambos músicos consiguen pasar de momentos delicados a otros de considerable intensidad sin perder la continuidad emocional de las canciones.
El proceso de creación de Dark Waters of Night se extendió durante aproximadamente tres años. Las primeras sesiones tuvieron lugar en el estudio casero de Martin, donde ambos comenzaron improvisando y probando diferentes ideas, sin establecer desde el principio unas reglas demasiado estrictas sobre cómo debía sonar el proyecto.
Vilhelm recuerda que una de las decisiones más importantes fue introducir nuevas texturas de guitarra mediante el uso de un Ebow, dispositivo que permite mantener la vibración de las cuerdas, y distintos pedales de reverberación. Estos recursos abrieron nuevas posibilidades para desarrollar ambientes más amplios y dar mayor espacio a los instrumentos.
También las voces limpias aparecieron de manera progresiva. Inicialmente fueron utilizadas para resolver un pasaje concreto, pero terminaron convirtiéndose en un elemento importante del lenguaje musical de GREY SHORES, ampliando los contrastes con las voces desgarradas propias del black metal.
La composición ha sido un trabajo compartido desde el principio. Aunque en ocasiones uno de los dos aporta la idea principal o una mayor cantidad de riffs, las canciones no se consideran terminadas hasta que ambos están satisfechos. Esa manera de trabajar explica en parte la cohesión de un álbum que reúne influencias diversas sin dar la impresión de estar formado por piezas inconexas.
En nuestra conversación, Martin destacaba especialmente la libertad que habían encontrado para experimentar sin sentirse condicionados por las convenciones de un género concreto. Una filosofía que ha terminado convirtiendo los contrastes entre dureza y belleza en uno de los fundamentos del grupo.
La oscuridad que rodea Dark Waters of Night tiene un carácter profundamente personal. Aunque el black metal constituye una parte importante de su sonido, GREY SHORES no utiliza necesariamente la agresividad como principal vehículo expresivo. Su música se orienta hacia sentimientos como la pérdida, la tristeza, la incertidumbre o la dificultad de abandonar determinadas etapas de la vida.
Martin nos explicaba que el proyecto les permite explorar una faceta más melancólica de sí mismos, alejándose de la agresividad que habitualmente se asocia al género. Esa intención se manifiesta tanto en las letras como en la instrumentación, donde las guitarras limpias, los desarrollos pausados y las melodías de carácter sombrío adquieren un protagonismo considerable.
El título del álbum procede de la letra de «Nothingness by My Side», la composición que abre el trabajo, y guarda relación con la imaginería marítima que aparece en su portada y en otros elementos visuales del grupo. El mar funciona así como un elemento recurrente dentro de su identidad, asociado a la distancia, la incertidumbre y la sensación de adentrarse en territorios desconocidos.
Las letras también ocupan un lugar importante. Vilhelm, que trabaja profesionalmente con libros, reconoce que la literatura constituye una fuente constante de inspiración. Sus experiencias personales y sus lecturas alimentan unos textos que mantienen cierta coherencia temática, aunque ambos músicos prefieren dejar espacio para que cada oyente encuentre sus propias interpretaciones.
Uno de los ejemplos más personales es «The Withering Tree», una composición nacida a partir de una idea acústica de Vilhelm cuya letra, escrita por Martin, aborda la muerte de un ser querido. El músico reconoce que trasladar aquella experiencia a palabras no resultó sencillo, aunque el proceso pudo ayudarle a afrontar la pérdida.
En «Herald the Dark», por su parte, Vilhelm reflexiona sobre la necesidad de continuar adelante cuando determinadas decisiones o acontecimientos ya no tienen vuelta atrás. La canción utiliza la imagen de abandonar las costas conocidas para adentrarse en un futuro incierto, estableciendo una relación entre las experiencias individuales y esa sensación de impotencia que puede acompañar a los grandes cambios.
Musicalmente, el álbum también reserva espacio para recuperar una faceta más fría y agresiva. «Sights of Woe», una de las últimas composiciones que escribieron, prescinde deliberadamente de las voces limpias para desarrollar un ambiente más próximo al black metal tradicional. La presencia de susurros, voces sibilantes y una instrumentación más contundente refuerza ese carácter, al que se suma la colaboración vocal de Micke Broman, músico vinculado a Astrophobos y Halja.
Esta variedad permite comprender mejor la propuesta de GREY SHORES. Las guitarras pueden desarrollar melodías delicadas o levantar muros de distorsión, mientras las voces alternan registros que van desde la calma hasta la desesperación. Los solos, cuando aparecen, responden principalmente a las necesidades expresivas de cada composición, sin buscar un virtuosismo innecesario.
En el apartado técnico también ha resultado fundamental la participación de Jari Lindholm, responsable de la mezcla y masterización. Conocido por su trabajo en Enshine y por su experiencia tanto en el metal extremo como en sonidos atmosféricos, Lindholm mantiene una relación musical y personal con Vilhelm desde hace aproximadamente veinticinco años. Su intervención ha permitido conservar la contundencia de los pasajes más agresivos sin sacrificar la claridad de los arreglos más delicados.
La acogida de Dark Waters of Night ha sido positiva durante sus primeras semanas de circulación. Vilhelm destacaba especialmente las críticas recibidas en medios como Sweden Rock Magazine y la difusión que obtuvo el álbum gracias a Black Metal Promotion, dos experiencias importantes para una formación que acaba de publicar su primera referencia.
El músico también reconocía cierta satisfacción por haber encontrado una respuesta favorable dentro de un público que, en ocasiones, mantiene criterios bastante estrictos sobre lo que debe considerarse black metal. GREY SHORES, sin embargo, no parece especialmente preocupado por ajustarse a esas expectativas.
Por el momento, el grupo continúa funcionando como un dúo de estudio. La posibilidad de trasladar sus composiciones al directo ha sido valorada por ambos integrantes, aunque la cantidad de arreglos y capas instrumentales requeriría incorporar nuevos músicos y dedicar bastante tiempo a preparar las actuaciones. No descartan hacerlo si surge una oportunidad interesante, pero actualmente no constituye una prioridad.
Respecto al futuro, Martin reconoce que, después del largo proceso de creación de su debut, ambos prefieren disfrutar del trabajo realizado antes de comprometerse con nuevos objetivos. No obstante, ya han comenzado a intercambiar algunas ideas que podrían dar forma a próximas composiciones.
GREY SHORES se presenta así como un proyecto todavía joven, pero respaldado por la experiencia de dos músicos que conocen bien sus respectivos terrenos musicales. Dark Waters of Night demuestra que pueden combinar la agresividad del black metal con la sensibilidad del post-rock sin que ninguno de los dos elementos pierda su personalidad. La importancia concedida a las melodías, el cuidado de los arreglos y la libertad compositiva constituyen sus principales argumentos.
Un debut que deja abierta una trayectoria interesante y que permite descubrir otra de las muchas formas en que el metal extremo puede utilizarse para expresar sentimientos profundamente humanos.










