Under Influence; Tomeu Canyelles (MARASME) - "In the Shadow of Our Pale Companion" (AGALLOCH)
Tras ocho años de letargo sonoro, la banda mallorquina MARASME regresa con Fel, un nuevo álbum que se desmarca de todo lo anterior y se adentra en un terreno aún más oscuro, más áspero, más inestable.
No se puede encasillar fácilmente a Marasme. "Demasiado melódicos para el sludge, demasiado crudos para el post-black, demasiado extremos para el post-metal", dicen ellos. Y esa es precisamente su fuerza: caminar solos, ajenos a etiquetas, con una propuesta visceral y personal. Fel no nace del pensamiento ni del sentimiento, sino de un pozo interior donde se mezclan la angustia, la furia y una necesidad salvaje de permanecer.
En este viaje, hay una referencia que flota como espectro entre los pliegues del nuevo sonido de Marasme: el álbum The Mantle de Agalloch (2002), en especial la canción "In the Shadow of Our Pale Companion". Un tema que combina melancolía, furia y belleza agreste, y que ha dejado una marca evidente en el tejido emocional y estructural de Fel, y del propio Tomeu Canyelles, que profundiza en su clara influencia;
"Hay discos que tienen su importancia no sólo por lo que dicen, sino porque dicen lo que necesitabas escuchar. En el lejano 2002, la mediatización del black metal melódico nos dejó imágenes que muchos desearían olvidar; aquella explosión de teclados sinfónicos, las poses de muñeco roto y la terrible resaca de los clichés.
Si el material de Ulver o Woods of Ypres creaba tanta curiosidad era por su carácter impredecible; por haber llevado el ¿black metal? a un nuevo territorio. Todavía no teníamos referencias claras sobre John Haughm o Don Anderson, ni mucho menos de todo lo que habían hecho tiempo atrás con Sculptured; me gustaría decir que ya entonces teníamos controladísimo el Pale Folklore, pero creo que casi todos lo redescubrimos una vez The Mantle cayó en nuestras manos. Fue un disco que se asomó tímidamente en algunos foros; poquísimos medios lo reseñaron y me sorprendió la tibieza con la que algunos lo recibieron en el otoño-invierno del 2002. “In the Shadow of Our Pale Companion”, situada prácticamente en el principio del disco, recreaba un clima capaz de perseguir al oyente a lo largo de todas las canciones; tenía algo que lo hacía desolador y, al mismo tiempo, cálido; prescindiendo de los blast-beats, traspasaba la barrera de los géneros musicales para crear ‘algo’ que se movía entre el black metal, el doom, el post-rock, el neofolk… Esa indefinición aparente —que tanto ha atraído a Marasme— es lo que daba carácter a una banda que consiguió lo que a todas luces parece inalcanzable para muchas otras: sonar a sí misma. ¿Hicieron Agalloch mejores discos? Probablemente, pero The Mantle conmueve y convence por la musicalidad de su contenido, por la atemporalidad de su propuesta y porque la sencillez de muchas de sus ideas — el uso de sus arpegios en “In the Shadow…”, por ejemplo— certifica que, a veces, menos es más.
Aparentemente se hace difícil calibrar la influencia de Agalloch en Marasme, pero lo cierto es que, por encima de las preferencias personales, siempre ha sido una banda importante e inspiradora para nosotros. En Mirroir (2010), nuestro primer disco, hay algún que otro arpegio (“Flames”) que pretendía recrear, aunque con más pena que gloria, el estilo de Haughm-Anderson; en De llums i ombres (2014) había alguna que otra idea (la segunda parte de “Cop de gràcia”, por ejemplo) que certificaba su influencia sobre Marasme, casi lo mismo que con la posterior “Ruïnes” de Malsons (2018), la única canción de nuestra discografía que incluye guitarras acústicas.
A pesar de la disparidad de nuestras influencias directas, Agalloch ha sido para nosotros una banda capaz de crear consenso y su retorno a los escenarios el 2023 no hace más que recordar lo importantes que han sido no sólo para las personas que los escuchan, sino para el metal en su sentido más amplio".

Sobre AGALLOCH - In the Shadow of Our Pale Companion
Agalloch, banda estadounidense formada en Portland, Oregón, en 1995 por el guitarrista y vocalista John Haughm, el guitarrista Don Anderson, el bajista Jason William Walton y el baterista Chris Greene. A lo largo de su carrera, Agalloch se consolidó como una de las bandas más influyentes del metal atmosférico, combinando elementos de black metal, doom, post-rock, folk oscuro, y ambient.
Su enfoque musical, introspectivo y paisajista, dio lugar a una identidad única que evitaba los clichés del metal extremo convencional. Desde sus inicios, Agalloch se caracterizó por un sonido profundamente melódico, cargado de atmósferas gélidas y progresiones largas y envolventes. Las letras de la banda giran en torno a temas como la naturaleza, la espiritualidad, la muerte, la melancolía y la alienación humana.
The Mantle es el segundo álbum de estudio de Agalloch, publicado el 13 de agosto de 2002 a través del sello The End Records. Supone un giro estilístico respecto a su debut Pale Folklore (1999), expandiendo su paleta sonora hacia terrenos más acústicos y atmosféricos, con una clara influencia del neofolk, así como del post-rock.
El álbum fue grabado entre febrero y mayo de 2002 en Portland. La producción corrió a cargo de John Haughm y Ronn Chick. The Mantle es considerado un disco conceptual no explícito, en el que las canciones funcionan como movimientos de una única obra, unidas por una visión estética y emocional coherente.
En términos visuales, la portada muestra una escultura pública titulada The Dreamer, obra del artista Manuel Izquierdo, ubicada en Portland. Esta elección refuerza la conexión de la banda con su entorno natural y urbano.
El disco recibió una gran acogida tanto por parte de la crítica como del público. Es considerado uno de los discos más influyentes del metal alternativo de principios del siglo XXI. Se le atribuye haber abierto el camino a numerosas bandas posteriores del post-black metal y el blackgaze.
La segunda canción del álbum, “In the Shadow of Our Pale Companion”, es considerada una de las composiciones más emblemáticas de Agalloch. Con una duración de 14 minutos y 44 segundos, se trata de una canción extensa, estructurada en varias secciones dinámicas que alternan entre pasajes acústicos, riffs densos, voces susurradas o rasgadas, y largos desarrollos instrumentales.
La canción está escrita principalmente en tono menor, lo que contribuye a su atmósfera melancólica. La introducción está dominada por guitarras acústicas en capas, con una batería sutil y un bajo profundo. A medida que progresa, la instrumentación se intensifica, introduciendo riffs eléctricos distorsionados, guitarras en tremolo y una percusión más marcada. La voz de Haughm alterna entre un tono casi hablado y growls contenidos.
Temáticamente, la canción parece describir un viaje existencial a través de la naturaleza, presentando imágenes de bosques, ríos y paisajes desolados como reflejo del mundo interior del narrador. Aunque nunca se ha confirmado un significado concreto, se ha interpretado como una meditación sobre la soledad, la muerte y la insignificancia del ser humano frente al universo natural.
Musicalmente, la canción es uno de los ejemplos más claros del enfoque cinematográfico de Agalloch, con influencias de compositores como Ennio Morricone en sus arreglos, y una estructura narrativa que recuerda a las bandas sonoras.
“In the Shadow of Our Pale Companion” ha sido citada como una gran influencia por múltiples bandas de post-metal, post-black y black atmosférico. Su enfoque minimalista y paciente ha servido de modelo para estructuras largas y cargadas de emoción.

Sobre MARASME
Después de siete años sin publicar material de estudio, MARASME regresa con Fel, un álbum devastador, físico y sin concesiones. Este nuevo trabajo marca un cambio de etapa para la banda mallorquina y reconfigura su propuesta desde la base: más directa, más visceral, más oscura.
En estos años sin lanzamientos, el grupo no ha parado. Como explica el guitarrista Tomeu Canyelles, la banda ha mantenido un ritmo constante de ensayos, aunque sin presión externa ni compromisos con la industria. La pandemia, los cambios de formación y un entorno cada vez más hostil fueron determinantes para el proceso de gestación de este nuevo álbum. La salida del vocalista original Jeroni Sancho, tras más de una década en la banda, marcó un antes y un después. Su lugar lo ocupa ahora Joan Rigo, cuya entrega escénica y adaptabilidad han aportado una nueva dimensión al sonido de MARASME.
La llegada de Fel supone el cierre simbólico de una etapa, documentada en el directo Malviure, y el comienzo de otra. Según Tomeu, este nuevo álbum es su trabajo más intenso y trabajado hasta la fecha, tanto a nivel compositivo como emocional. “Fel”, palabra que significa "hiel" en catalán, es una obra construida desde las entrañas. Es rabia, desencanto y desarraigo. Es el reflejo sonoro de un siglo cada vez más despiadado, como describe el propio Tomeu: “El sistema económico está dinamitando nuestro sentido de la humanidad. El trabajo coloniza nuestras vidas y el clima político bufonesco refleja una crisis de valores. Fel es nuestra forma de canalizar esa desesperanza.”
El disco está compuesto por seis canciones, entre las que destacan “Espurna”, que abre el álbum con una violencia sonora inmediata, y “Metzina”, elegida como primer adelanto por su capacidad de condensar la esencia del trabajo. “Boira”, por su parte, aporta un contrapunto melódico, sin abandonar la densidad emocional, mientras que el cierre, “Larva”, adapta un poema del escritor Ferran García, integrando poesía y música en un gesto que revela el interés de la banda por ir más allá del metal como género.
A lo largo de sus casi dos décadas de actividad, MARASME ha desarrollado una identidad inclasificable. Y sin embargo, completamente coherentes. En palabras de la banda, no saben exactamente qué son, pero sí tienen muy claro qué no quieren ser.
Producido por Toni Salvà y masterizado por Magnus Lindberg, Fel suena afilado y orgánico. La portada, obra del batería Dubi, muestra las manos arrugadas de la abuela del vocalista, sujetando un corazón: una imagen simbólica, incómoda y potente que resume el espíritu del disco.
Con la edición a cargo de Discos Macarras, Quebranta, Eternal Juggernaut y Nafra Records, y varios conciertos previstos en otoño, MARASME afronta esta nueva etapa con la misma honestidad brutal que siempre ha defendido. “No escribimos para gustar. Escribimos desde lo que somos, y si eso provoca algo en quien escucha, entonces hemos cumplido nuestro objetivo.”










