Under Influence; Attalzu (VULTUR) - "Equimanthorn" (BATHORY)
Desde las profundidades del black metal sardo, hoy nos adentramos en la visión de Vultur, banda originaria de Portoscuso (South Sardinia), un enclave donde la crudeza del paisaje parece fundirse con la violencia sonora de su propuesta. Bajo el mando de Attalzu, el grupo despliega un black metal feroz, áspero y visceral, heredero de la tradición más oscura y primitiva del género, pero con una personalidad marcada por el aislamiento geográfico y cultural de la isla.
Cuando se le pide señalar una influencia concreta, Attalzu lo admite: resulta difícil escoger entre tantas huellas dejadas por el género. Sin embargo, hay un tema que viene inmediatamente a su mente: “Equimanthorn” de Bathory.
"Es muy difícil elegir solo una banda o una canción; ahora mismo me viene a la mente "Equimanthorn" de Bathory: es pura rabia, me hace imaginar un ser mitad hombre mitad bestia, con ansias de venganza y masacre. Esa canción es malvada."
Con esa declaración, Vultur nos invita a mirar directamente hacia las raíces de la oscuridad, allí donde Quorthon y Bathory sembraron las semillas de lo que luego sería el black metal.

Sobre BATHORY y Equimanthorn
Hablar de Bathory es hablar de uno de los pilares fundacionales del black metal. Formado en Suecia en 1983 por el enigmático Quorthon (Thomas Börje Forsberg), Bathory pasó de un crudo y rudimentario speed/black en sus inicios a sentar las bases tanto del black metal escandinavo como del viking metal años más tarde. Con una producción lo-fi, guitarras crudas y un aura blasfema que rompía con todo lo anterior, Bathory encarnaba el espíritu underground que más tarde inspiraría a toda una generación.
“Equimanthorn” aparece en el segundo álbum de la banda, The Return…… (1985), un trabajo que marcó un antes y un después. Si el debut homónimo (1984) ya era un puñetazo de oscuridad primitiva, The Return…… amplió esa fórmula hacia un territorio más atmosférico, ritualístico y aún más maligno. El disco, cuyo título completo es The Return…… of the Darkness and Evil, fue editado por Black Mark Productions y, con el paso de los años, se ha convertido en una referencia imprescindible para comprender la transición entre el proto-black metal y lo que se consolidaría en la década de los 90.
El tema “Equimanthorn” destaca por su cadencia hipnótica y su aura infernal. Con un tempo más contenido que otros cortes, la canción transmite un clima opresivo que parece invocar fuerzas oscuras ancestrales. El título mismo hace referencia a una criatura mitológica, mitad hombre, mitad bestia, símbolo de brutalidad y venganza. Su ejecución rudimentaria, con riffs repetitivos y voces cavernosas, acentúa esa atmósfera ritualística que Attalzu describe como “pura rabia”.
Curiosamente, The Return…… fue grabado en apenas unas semanas con recursos limitados, y aun así, su crudeza y sonido defectuoso terminaron convirtiéndose en su principal virtud. En aquel momento recibió críticas por su “mala” producción, pero ese carácter áspero es lo que hizo que generaciones posteriores lo vieran como la semilla de un género que precisamente buscaba apartarse del metal más pulido y comercial.
“Equimanthorn” y el resto del álbum han influido directamente en bandas como Mayhem, Darkthrone, Burzum o Immortal, quienes vieron en Bathory el modelo de cómo el metal podía ir más allá de lo musical para convertirse en una experiencia espiritual y extrema. Hoy, casi cuarenta años después, sigue siendo uno de los himnos más oscuros y reverenciados del catálogo de Bathory.

Sobre VULTUR
En 2025, los sardos Vultur celebran dos décadas de trayectoria con el lanzamiento de su nuevo álbum, Cultores de Perdas e Linna, un trabajo que confirma la fidelidad de la banda a su esencia: un black metal agresivo, veloz y cargado de evocaciones arcaicas, pero también profundamente ligado a la identidad y la historia de su tierra.
Formados en 2005 en Portoscuso (Cerdeña sur), Vultur nunca entendieron el metal extremo como un pasatiempo. Desde el principio lo concibieron como una misión vital, una vía para canalizar su visión de la existencia y su conexión con las raíces paganas y malditas de la isla. Una de sus señas más distintivas es el uso del sardo en sus letras, una elección consciente que —como explica Attalzu— da mayor fuerza y visceralidad a los temas, imposible de transmitir en inglés. Así, cada maldición, cada invocación, cada imagen oscura cobra una intensidad especial al expresarse en la lengua de su tierra.
Musicalmente, Vultur han perfeccionado con los años un estilo descrito como una mezcla de velocidad desatada y puentes melódicos oscuros, un equilibrio entre la furia salvaje y la melancolía ritual. Su evolución, sin embargo, nunca ha sido premeditada: “es un camino espontáneo”, admite Attalzu, en el que la madurez instrumental ha fortalecido un sonido que sigue bebiendo de las mismas influencias que hace 20 años.
El nuevo álbum, grabado en 2023 pero publicado ahora, toma su título de una expresión usada por el Papa Gregorio Magno para menospreciar a los antiguos sardos que aún no habían abrazado el cristianismo: Cultores lapides et lignea (“adoradores de piedra y madera”). Para Vultur, lejos de ser un insulto, la frase reivindica a un pueblo que vivía libre de dogmas, guiado únicamente por los ciclos de la naturaleza. En ese espíritu se sitúan las letras del disco, que abordan maldiciones, brujería y resistencia pagana frente a la imposición de una nueva religión.
El proceso de grabación, más preparado y organizado que en el pasado, dejó espacio para la improvisación en las voces, que Attalzu trabajó desde la visceralidad y la urgencia, manteniendo esa espontaneidad que siempre ha caracterizado al grupo. El resultado son cortes intensos como Su Frastimu, Femina Mala o el propio Cultores Lapides et Lignea, con riffs que arrastran un aire pagano casi ritual, mientras que el single Nemini Parco rinde homenaje a la iconografía macabra de la cripta de San Sepolcro en Cagliari, incorporando italiano y latín para reforzar su atmósfera litúrgica.
La portada, obra de la bajista Maristella, muestra a Su Boe, una figura taurina que simboliza el lado instintivo e indomable del ser humano, acompañado de un cuchillo como símbolo sagrado nurágico. La imagen conecta con la idea central del álbum: el hombre como bestia ancestral, ligado a la tierra y a su oscuridad primitiva.
En estos 20 años, Vultur han atravesado cambios de formación, giras intensas —como su mini-tour en Chile junto a Blasphemy— y un largo periodo de silencio discográfico tras Ogu Liau (2014). Sin embargo, nunca han abandonado su misión. Hoy, con Cultores de Perdas e Linna, la banda reafirma su visión tradicionalista y old-school del black metal, sin dejarse arrastrar por las modas ni las corrientes modernas.
De cara al futuro, Vultur planean más conciertos —empezando por fechas en su tierra— y ya preparan ideas para un próximo álbum. Pero su propósito va más allá de lo musical: buscan inspirar a las nuevas generaciones a redescubrir los misterios y raíces ocultas de sus propias tierras, igual que ellos lo han hecho con Cerdeña.
Veinte años después de su fundación, Vultur siguen alzando el vuelo desde el sur de la isla, fieles a su oscuridad, a su idioma y a su historia.










