Under Influence; Charlie Anderson (WEFT) - "Blood on Ice" de BATHORY
En esta nueva edición de Under Influence nos detenemos en la visión de Charlie Anderson, músico y compositor que debuta oficialmente con su proyecto personal Weft a través del álbum The Splintered Oar.
Conocido principalmente por su trabajo como violinista en Panopticon desde 2019, Anderson ha colaborado también con formaciones como Slumbering Sun o Waldgeflüster, pero The Splintered Oar representa un paso diferente: aquí todas las decisiones creativas, desde la composición hasta la narrativa conceptual, nacen de su propio impulso.
Anderson señala una referencia fundamental: Blood on Ice, de Bathory. Un disco que, más allá de su importancia histórica, representa para él una lección sobre atmósfera, narrativa y construcción emocional dentro del metal. La elección no es casual: como The Splintered Oar, Blood on Ice es una obra donde la identidad, el paisaje y la épica interior se funden en una experiencia que trasciende el género.
"Para mí, Blood on Ice es mi álbum favorito de Bathory, si no el mejor. Crudo, sincero, épico y tremendamente pesado cuando debe serlo, el álbum da la sensación de que Quorthon se libera de su reputación y de las altas expectativas que el mundo del metal depositó sobre él. Aunque salió después de Octagon y Reqiuem, se dice que este es el álbum que grabó después de Blood Fire Death. Y se puede percibir esa misma pasión y creatividad en cada nota. ¡Incluso me encantan las descaradas referencias a Manowar! El disco también es un álbum conceptual con varios personajes y temas nórdicos. ¡Es un viaje entretenido, escucharlo mientras se leen las letras!"

Blood on Ice de BATHORY
Publicado en 1996, Blood on Ice ocupa un lugar singular dentro de la discografía de Bathory. Aunque salió a la luz a mediados de los noventa, el material fue compuesto y grabado originalmente hacia 1988-1989, en un momento de transición crucial para Quorthon (Thomas Börje Forsberg). Aquellas sesiones quedaron archivadas durante años, hasta que el propio Quorthon decidió recuperarlas y completarlas con nuevas voces y arreglos antes de su publicación definitiva.
Ese desfase temporal explica parte del carácter híbrido del álbum. Blood on Ice se sitúa entre la crudeza del black metal primitivo de los primeros Bathory y la solemnidad épica que el proyecto desarrollaría plenamente en discos como Hammerheart (1990) o Twilight of the Gods (1991).
El álbum funciona como una obra conceptual. Narra la historia de un joven expulsado de su tierra tras la muerte de su padre y su posterior retorno para vengar la traición sufrida por su familia. Aunque no se presenta como una ópera rock en sentido estricto, sí mantiene una línea argumental clara, reforzada por interludios hablados y cambios de dinámica que subrayan el carácter épico del relato. Esta voluntad narrativa lo aproxima más al heavy metal épico que al black metal ortodoxo de la época.
Un elemento especialmente relevante es el uso del tempo medio y de las cadencias casi marciales, que anticipan muchas de las fórmulas que posteriormente adoptaría el viking metal como subgénero.
Para músicos como Charlie Anderson, el valor de Blood on Ice no reside únicamente en su importancia histórica, sino en su capacidad para integrar atmósfera, narrativa y emoción sin perder coherencia interna. Es un disco que demuestra que el metal puede ser expansivo sin perder intensidad, épico sin caer en la grandilocuencia vacía y conceptual sin sacrificar honestidad.
Esa combinación —paisaje, memoria y relato— es precisamente uno de los puentes más evidentes entre la obra de Bathory y la sensibilidad que Anderson despliega en su propio proyecto.

WEFT
Con The Splintered Oar, Weft deja de ser una idea latente para convertirse en una declaración artística plena. Para Charlie Anderson, este proyecto supone el paso definitivo desde el papel de colaborador —rol que ha desempeñado con solvencia en Panopticon y otras formaciones— hacia el centro absoluto del proceso creativo: composición, arreglos, letras, producción y dirección conceptual.
La gestación del álbum comenzó a finales de 2019, con un proceso de grabación que se desarrolló principalmente a partir de 2020. Lejos de concebirse como un ejercicio de estilo, el disco nació como un espacio de libertad total, donde Anderson se permitió integrar sin filtros todas las influencias que forman parte de su biografía musical: metal extremo, rock progresivo, música clásica, folk y country tejano. La metáfora del “weft” —el hilo transversal del telar— no es ornamental; define el método compositivo. Cada elemento sonoro se entrelaza con otro, no como collage, sino como tejido coherente.
El Golfo de Texas y la ciudad de Galveston funcionan como eje emocional del álbum. Más que simple localización geográfica, representan un paisaje interior. La humedad, la sensación de amenaza constante por huracanes y mareas, la presencia de plataformas petrolíferas en la distancia, todo se traduce en música que oscila entre lo contemplativo y lo violento. Canciones como “The Hull” condensan esa visión: atmósferas densas, estructuras largas y una narrativa sonora que evoca la experiencia de observar el mar bajo un cielo gris y cargado.
La cohesión del álbum, pese a su diversidad estilística, responde a un trabajo consciente en las transiciones y en la repetición de motivos armónicos. Anderson reutiliza progresiones y tonalidades para conectar secciones aparentemente opuestas, creando una continuidad subconsciente que evita la fragmentación. Esa atención al detalle recuerda a la tradición del rock progresivo clásico, pero aplicada a un lenguaje donde el black metal atmosférico convive con pasajes acústicos de raíz americana.
El componente folk y country no es una concesión estética, sino una parte esencial de su formación. Anderson creció escuchando a figuras clave del folk tejano, y esa tradición —marcada por una melancolía directa y sin artificios— convive en su imaginario con la influencia de Quorthon y el legado de Bathory. La comparación que él mismo hace, describiendo el álbum como “Blood on Ice con sombrero de cowboy”, sintetiza esa dualidad entre épica nórdica y raíces sureñas.
El proceso de mezcla y producción fue especialmente exigente. Al tratarse de un proyecto tan personal, mantener la objetividad resultó complejo, y Anderson recurrió a colaboradores para preservar el equilibrio entre crudeza y claridad. Esa ligera aspereza sonora, lejos de percibirse como limitación, refuerza el carácter atmosférico del disco.
The Splintered Oar es, en definitiva, un retrato sonoro. Tras años caminando junto a otros proyectos, Weft representa su propio sendero: un territorio donde la épica, la memoria y la experimentación se entrelazan con naturalidad y convicción.










