Under Influence; TZommer (MYR) - "Profondo Rosso" (GOBLIN)
Desde las heladas tierras de Noruega llega MYR, un dúo formado por Svartan y TZommer, que con su debut Helvegen ha conseguido captar la atención de la escena europea gracias a una propuesta que combina el misticismo del black metal más atmosférico con una fuerza emocional profundamente humana.
Lejos de buscar el impacto fácil, Helvegen es un viaje espiritual: una travesía entre la vida y la muerte, entre lo tangible y lo etéreo. Con una producción impecable firmada por Tore Stjerna (Necromorbus Studio), el álbum explora el lado más introspectivo y evocador del black metal noruego, pero sin perder la ferocidad que lo caracteriza.
En este contexto, no sorprende que TZommer cite como una de sus mayores influencias algo tan singular como la música de Goblin y, en particular, la banda sonora de Profondo Rosso (1975). Una elección que revela mucho sobre la esencia de MYR: ese vínculo entre sonido, emoción y misterio que convierte su música en una experiencia más sensorial que racional.
"Puede que sea una elección un tanto inesperada, pero la primera banda que realmente despertó mi interés por la música fue el grupo italiano Goblin, o mejor dicho, la película Deep Red (Profondo Rosso), para la que compusieron la banda sonora.
Había algo absolutamente cautivador en esa mezcla de misticismo, tensión y oscuridad; parecía más que simple música; era atmósfera hecha sonido.
Esa experiencia me abrió las puertas a explorar cómo la emoción y la inquietud pueden coexistir en la melodía, algo que aún influye en mi forma de crear música hoy en día". -TZommer

Sobre GOBLIN
En la historia de la música cinematográfica hay pocos casos tan singulares como el de Goblin, el grupo italiano que redefinió el concepto de banda sonora en los años setenta. Su colaboración con el director Dario Argento en Profondo Rosso (1975) no solo marcó un antes y un después en el cine de terror europeo, sino que también amplió los límites de lo que podía ser considerado “música oscura”.
Formados originalmente en Roma por Claudio Simonetti, Massimo Morante, Fabio Pignatelli y Walter Martino, Goblin surgieron en el cruce perfecto entre el rock progresivo y la experimentación cinematográfica. Cuando Argento les encargó la música para su nueva película, sustituyendo a Emerson, Lake & Palmer en el último momento, el grupo respondió con una obra que trascendía lo meramente ambiental.
La pieza central, “Profondo Rosso (Main Theme)”, es una sinfonía de tensión y misticismo construida sobre un patrón rítmico hipnótico de bajo, sintetizadores Moog, mellotron y un piano de sonido espectral. La composición alterna momentos de aparente calma con estallidos de disonancia que parecen anticipar la violencia visual de la película. Esa mezcla entre melodía y amenaza, entre lo bello y lo siniestro, se convirtió en el sello distintivo de Goblin y en una fuente de inspiración inagotable para generaciones posteriores de músicos, desde King Diamond hasta Ulver, Opeth o John Carpenter.
Más allá de su impacto cinematográfico, Profondo Rosso es un ejercicio de atmósfera pura: cada nota construye un espacio emocional, un universo donde lo humano se desdibuja en lo ritual. Esa idea —la música como evocación del subconsciente, como un espejo oscuro— es precisamente la que TZommer rescata en su propia visión artística.
Goblin no solo acompañaban imágenes; creaban mundos. Y en esa alquimia sonora entre tensión, misterio y espiritualidad, se encuentra la raíz de una influencia que sigue latiendo hoy en bandas que, como MYR, conciben el black metal como una forma de arte total, donde lo sonoro y lo emocional se funden hasta volverse indistinguibles.

Sobre MYR
Detrás del sonido gélido y espiritual de MYR se esconde una búsqueda profundamente humana. Formado por Svartan y TZommer, el dúo nació de una necesidad vital: plasmar en música la crudeza, la introspección y la oscuridad del norte. Aunque ambos músicos llevan años vinculados a la escena extrema polaca y noruega, MYR representa algo distinto: una síntesis de experiencia, sensibilidad y aislamiento creativo.
Su primer álbum, Helvegen, es un debut inspirado en el concepto mitológico del “camino hacia el más allá”, el disco funciona como metáfora de una transformación interior. Cada tema traza una línea entre la desesperación y la aceptación, entre la muerte simbólica y el renacer. “No hablamos solo de la muerte física —explica TZommer—, sino de la transición, del abandono de lo viejo y de adentrarse en lo desconocido.”
En lo musical, Helvegen transita por un terreno que va más allá del black metal ortodoxo. Si bien el espíritu de Bathory, Satyricon o Dissection es palpable, MYR bebe también de fuentes insospechadas: la música neoclásica de Jóhann Jóhannsson, el cine de Robert Eggers, o incluso el folclore y la naturaleza del norte. Esa fusión genera un sonido que combina crudeza con sensibilidad, brutalidad con melancolía.
La producción, a cargo de Tore Stjerna (Necromorbus Studio), refuerza esa dualidad: las guitarras son filosas y densas, pero siempre dejan espacio para la atmósfera. Canciones como “Saturnine Child” o “Brennt” muestran las dos caras del grupo: la introspección etérea y la furia directa. En “In Perpetum”, las voces infantiles añaden un matiz inquietante, mientras que el saxofón de “Røkkr” introduce una calidez inesperada que rompe las normas del género sin traicionar su espíritu.
El concepto de Helvegen se despliega también en lo emocional. MYR no busca complacer, sino confrontar. “Queremos que el oyente sienta más que escuche —dice TZommer—. Que experimente la incomodidad, la tristeza o la paz. Si al final alguien necesita quedarse en silencio, entonces la música ha cumplido su función.”
El dúo prepara su salto al directo en 2026, con su debut en el Inferno Festival y otras fechas ya confirmadas. Será el siguiente paso en su evolución: llevar su oscuridad controlada a un entorno donde cada nota pueda respirar y cobrar vida.
Con Helvegen, MYR ha logrado algo que muy pocos debuts consiguen: crear un universo coherente, en el que la espiritualidad, la furia y la contemplación se funden en un solo acto de purificación. Un disco que no pretende reinventar el black metal, pero sí recordar por qué sigue siendo un vehículo tan poderoso para explorar lo más profundo del ser humano.










